¡Aterrador! Mire lo que pasaría si no existiera la Luna

La Luna que ilumina nuestras noches todos los días nos da el honor de ser el único planeta que posee un satélite tan excepcionalmente grande. Sin embargo, aunque la damos como un hecho cada noche ¿qué pasaría si no existiera?

La Luna está desde que nos formamos como un sistema planetario doble, algo absolutamente anómalo entre los planetas del Sistema Solar. Hasta su nacimiento fue anómalo: nuestro satélite nació cuando nuestro planeta estaba en su infancia y tras el impacto de un objeto mayor que Marte.

Si no hubiera Luna desaparecerían los eclipses y las noches serían mucho más oscuras. Las mareas también serían diferentes: de hecho, serían más pequeñas, alrededor de un tercio de lo que son ahora. Todo lo contrario a la época en que se formó la Luna: como se encontraba más cerca de la Tierra, ¡las mareas llegaban a los 9 metros

Y si no existiera Luna no saldríamos en la noche para poder apreciarla en todo su esplendor cada 28 días, los dos al mismo tiempo en lugares diferente.

Ven

Mírame, que cuando miras nada me hace falta
Y cuando estoy tan lejos yo quiero tus besos
Pero llevo adentro este hueco en el pecho
Es mi melancolía que en tus ojos veo
No me eches de menos, que si tú me extrañas
Siento que me muero

Sabes que eso es de otra vida
Que cargamos culpas que no conocemos
Pero nos queremos hasta el infinito y más allá del cielo

Me gusta este cuento
Y esta historia que hay entre tú y yo

Ven
Voy a cuidarte el corazón, por eso ven
Que aquí te tengo esta canción

Ven
Tú eres mi vida
Que yo la tuya cuidaré toda la mía

Ay niña, ven
Voy a cuidarte el corazón, por eso ven
Que aquí te tengo esta canción

Ven
Tú eres mi vida
Que yo la tuya cuidaré toda la mía, ay amor

Solo con cerrar los ojos me siento tan cerca
Es que tú eres mi fuerza, mi debilidad
Como me limpias el aire, como me enamoras
Como me alegras la vida y me sabes amar, cada vez más

Sabes que eso es de otra vida
Que cargamos culpas que no conocemos
Pero nos queremos hasta el infinito y más allá del cielo

Me gusta este cuento
Y esta historia que hay entre tú y yo

Ven
Voy a cuidarte el corazón, por eso ven
Que aquí te tengo esta canción

Ven
Tú eres mi vida
Que yo la tuya cuidaré toda la mía

Ay niña, ven
Voy a cuidarte el corazón, por eso ven
Que aquí te tengo esta canción

Ven
Tú eres mi vida
Que yo la tuya cuidaré toda la mía, ay amor

Compositores: Juan Fernando Fonseca

Expertos forenses Confirman la identidad de Jack el Destripador

Confirman la identidad de Jack el Destripador mediante “el análisis genético más avanzado y sistemático hasta la fecha”

Las manchas de semen presentes en un chal que supuestamente perteneció a una de las víctimas apuntan a un barbero polaco que padeció de esquizofrenia.

Confirman la identidad de Jack el Destripador mediante "el análisis genético más avanzado y sistemático hasta la fecha"

Un equipo de expertos en ciencias forenses ha revelado los detalles de un estudio genético que asegura haber confirmado la identidad de Jack el Destripador, el asesino serial que aterrorizó a Londres a fines del siglo XIXasesinando a cinco prostitutas y dejando los cuerpos cercenados de sus víctimas tendidos en las calles de la capital británica.

El estudio, cuyos resultados fueron publicados el pasado martes en la revista Journal of Forensic Sciences, sugiere que esos crímenes los cometió un polaco judío llamado Aaron Kosminski, que unos años antes había emigrado a Londres para dedicarse allí al oficio de barbero.

Esa teoría está basada en el análisis de ADN mitocondrial extraído de las manchas de sangre y de espermapresentes en un chal que supuestamente fue encontrado en 1888 junto al cuerpo de Catherine Eddowes, la cuarta víctima del asesino.

Coincidencia genética

Según los investigadores, el material genético concuerda con los descendientes vivos tanto de la mujer como del barbero. Por ello, describieron el estudio como “el análisis genético más avanzado y sistemático hasta la fecha en relación a los asesinatos de Jack el Destripador”.

Si bien el nombre de Kosminski ya había sido señalado en 2014 como el del responsable de los crímenes, esta es la primera ocasión en que los detalles de ese estudio son publicados en una revista científica de revisión por pares, aclara el portal Science Magazine.

Un barbero demente

El inmigrante polaco nació en la localidad de Klodawa, perteneciente entonces al Imperio ruso. Una vez en Londres, se estableció junto a dos hermanos y una hermana en la calle Greenfield Street, a menos de 200 metros del lugar donde fue encontrado el cuerpo degollado de Elizabeth Stride —otra víctima de Jack el Destripador— asesinada apenas una hora antes de que muriera Eddowes.

Kosminski fue uno de los sospechosos considerados por la Policía, aunque su implicación en los crímenes no pudo ser probada. Investigadores señalan que el hombre tenía 23 años cuando ocurrieron los asesinatos y que era esquizofrénico. Fue internado en un centro psiquiátrico y murió allí a la edad de 53.

¿Muestras contaminadas?

La nueva publicación no tardó en despertar escepticismo entre otros científicos. Así, Walther Parson, investigador forense de la Universidad Médica de Innsbruck (Austria), criticó el trabajo por no detallar ninguna de las secuencias de ADN en las que asegura estar basado y por remplazar estos datos clave por meros gráficos de colores.

A su vez, su colega de la misma casa de estudios, Hansi Weissensteiner, señaló que el análisis de ADN mitocondrial solamente puede ser confiable para descartar el parentesco entre dos personas y excluir, de esta manera, a un sospechoso, pero no para identificar a una persona concreta. De modo que si bien el material genético presente en el chal pudo haber sido de Kosminski, también pudo provenir de otros miles de habitantes de Londres de aquel entonces.

Por último, otros críticos señalaron la falta de evidencia fehaciente de que el chal fue hallado en el lugar del crimen y que además, desde entonces pudo haber sido contaminado por las personas que tocaron esa prenda con las manos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Perder una mascota duele de la misma forma que cuando muere un ser querido

Una tarde como cualquier otra, mi esposo se encontraba arreglando el coche en el patio. Él estaba debajo de automóvil muy entretenido cambiando piezas, cuando de repente algo llamó su atención: una lengua húmeda y una nariz mojada, que le olía los oídos. Cuando puso atención, vio por primera vez una pequeña perrita color negro que se acercaba tímida y temerosa.

Su primera impresión fue pensar que la perra tenía un dueño, así que se levantó y comenzó a preguntar a los vecinos y personas cercanas sobre la procedencia del animalito. Nadie confirmó conocerla; sin detenerse buscó un lazo, la amarró, y le ofreció un plato de croquetas y un balde lleno de agua.

La perrita apenas podía caminar, se encontraba desnutrida, enferma y llena de garrapatas. Sin dudarlo mi esposo me dijo que había una perrita que necesitaba ayuda urgente. Así fue cuando la llevamos al veterinario y le salvamos la vida.

Nunca había tenido la fortuna de experimentar el amor que pueden ofrecer los perros, ya que gran parte de mi infancia y adolescencia fui dueña de varios gatos como mascotas. Hoy por hoy puedo asegurar que el amor que le tengo a mi Tolsa (así se llama), es inmenso y maravilloso.

Los perros son geniales, el amor que ofrecen es puro, sincero y desinteresado. En más de una ocasión nos hacen sentir queridos y especiales, y puedo asegurar que en la mayoría de los hogares ellos se convierten en un miembro más de la familia.

Un vínculo muy fuerte

El vínculo afectuoso que se crea con las mascotas es maravilloso. Según un estudio, los dueños de mascotas se sienten más satisfechos con su relación con su animalito que con los humanos, porque proporcionan un tipo de relación incondicional que generalmente está ausente con algunas personas. Incluso, los científicos aseguran que tener una mascota es benéfico para la salud física y emocional.

Con sus travesuras, elocuencias y cariño, es lógico que los perros animen a cualquiera que los cuida, ofreciendo compañía, alegría y lealtad; por ello el vínculoque se desarrolla entre los dueños y las mascotas es demasiado fuerte.

El adiós

Tal vez algunas personas que no han tenido un perro como mascota pueden decir que es una exageración cuando los dueños sienten un gran dolor en su corazón cuando ellos mueren. Sin embargo, no podemos negar que la relación que se tiene con los perros es sumamente gratificante, debido al afecto incondicional que nos dan.

¿Por qué duele tanto perder a tu mascota?

1 Por amor

La psicóloga Julie Axelrod afirmó que la pérdida de un perro es tan dolorosa porque sus dueños no solo están perdiendo al animal, sino a una fuente de amor incondicional, un compañero esencial que ofrece seguridad y tranquilidad.

Como lo mencioné anteriormente, los perros forman parte de la familia, por ello cuando se mueren el dolor es inmenso, tal cual como cuando se muere un ser querido. Con la convivencia diaria, el cuidado y la seguridad que nos ofrecen nuestras mascotas, se va creando un apego emocional, por lo tanto, su partida puede causar un gran sufrimiento.

2 Se rompe la rutina

Me encanta llegar a casa y disfrutar del gran recibimiento que tiene mi perrita cuando me ve. En instantes comienza a saltar de felicidad, brinca sobre mí y hace unos sonidos como de llanto, en ocasiones hasta suele hacerse pipí de la alegría que le provoca mi presencia. Ella identifica perfectamente cuando es tiempo de salir a pasear, descansar, comer o ver un programa de televisión.

Cuando tu mascota muere, es lógico que la rutina cambia, puesto que ya no estará ese animalito que te reciba emocionado al llegar a casa, o cuando se acerque la tarde no te darán ánimos de salir a pasear, incluso ya no tendrás que llenar un plato de comida.

Muchas veces, los dueños organizan sus horarios, viajes o salidas en torno a las necesidades de las mascotas. Esos cambios en la rutina y estilo de vida se rompen, por tal razón, la pérdida puede afectar gravemente a una persona.

3 Emociones quebrantadas

El nivel de bienestar y felicidad que nos brindan las mascotas es inigualable, con sus muestras de afecto, juego y travesuras van ganando nuestro corazón. Es inevitable que una persona al convivir con un perro deje de sonreír y de sentirse alegre, por ello cuando se mueren, nuestras emociones suelen quebrantarse en automático.

4 Sensación de soledad

Puedes estar rodeada de personas que te aman, sin embargo, cuando muere tu mascota experimentarás un dolor en tu alma y tendrás una sensación de soledad que no podrás llenar con nadie. Tu mascota solía acompañarte a todos lados, era tu amigo fiel y confidente, tal vez el más leal que hayas conocido.

5 Inseguridad

Las mascotas nos brindan seguridad cuando estamos en casa. Por lo regular, ellos suelen ladrar con cualquier ruido extraño, lo cual significa que debemos estar alertas sobre cualquier situación inusual o extraña. Aunque tengas un perro de raza pequeña, estoy segura que él te defenderá a capa y espada. Por tal razón cuando se muere, experimentarás un sentimiento de inseguridad y desconfianza con cualquier ruido que escuches.

Todas las personas que tienen la fortuna de tener una mascota, pueden entender lo importante que son para sus vidas, no solo es un animal, son familia, son amigos, son seres vivos que nos ayudan a sentirnos felices, ya que nos protegen y cuidan. Así que cuando llegan a partir de este mundo, el duelo es similar al que se experimenta con un ser querido.

Así que evitemos juzgar a cualquier persona que sufra por su mascota, ya que muchas veces no se puede comprender el vínculo afectuoso que se crea tan especial.

Por:  Adriana Acosta Bujan

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una mujer cuesta diez camellos

Reportaje en dos entregas sobre la situación de la mujer en el Tercer Mundo que Arturo Pérez-Reverte escribió en 1980 para el diario Pueblo.

UNA MUJER CUESTA DIEZ CAMELLOS

[En el llamado Tercer Mundo, y especialmente en África y Medio Oriente, la mujer sigue pagando todavía hoy, en 1980, un dramático tributo social. Frente a un sexo masculino que se considera intrínsecamente superior, la mujer permanece a merced de padres, hermanos, maridos o hijos, dependiendo económicamente de ellos y forzada a mantenerse dentro de estrechos límites intelectuales. En ciertos lugares que sólo se encuentran a unas pocas horas de avión de las capitales europeas, la condición femenina es atroz. Arturo Pérez-Reverte ha viajado a algunos de ellos para traernos este dramático y crudo documento.]

Una mujer cuesta diez camellos

 

1 – ASÍ SE FABRICA UNA DONCELLA

“Imaginaba que aquello se trataba de una fiesta. Yo tenía diez años, y era una novedad. Todas las mujeres de la familia, así como las vecinas, estaban pendientes de mí, y aquello halagaba mi vanidad infantil. Cuando llegó el gran día, pintaron mis manos y mis pies y me hicieron acostarme, vestida con una hermosa túnica blanca. De pronto, la fiesta se convirtió en una pesadilla. Me sujetaron entre varias mujeres y una de ellas me pasó un pañuelo empapado de alcohol sobre los órganos genitales. Me escoció y me eché a llorar, pero pronto aquello fue eclipsado por un dolor agudo, como un pinchazo muy fuerte. Grité de dolor. Después, durante muchos días, tuve fiebre y hemorragias. Durante muchos años ignoré lo que me habían hecho. Sólo al hacerme mayor supe que aquel día me hablan amputado el clítoris.”

 

Hoy, repartidas por casi una treintena de países árabes y africanos, más de treinta millones de mujeres de todas las edades sufren mutilaciones semejantes. A pesar de diversas recomendaciones, hechas tanto por algunos gobiernos locales como por organizaciones sanitarias internacionales, la llamada “circuncisión femenina” sigue siendo una práctica habitual desde las riberas del Atlántico hasta el golfo Pérsico, incluyendo una buena porción de países del África centro-oriental. A pesar de que se le suele conferir un origen religioso, lo cierto es que las raíces de tan atroz práctica se pierden en la oscuridad de los tiempos. Hay quien culpa de ella a la religión islámica, pero lo cierto es que en el Corán no se hacen referencias al tema, y que por otra parte se dan abundantes casos de “circuncisión femenina” en países africanos que muy poco tienen que ver con la religión de Mahoma. Algunos estudiosos del tema remontan su origen hasta los bíblicos tiempos de Abraham.

Quienes justifican la aplicación de esta dura medida se remiten, en su mayor parte, a supersticiones o —lo que es más habitual— a razones de tipo social. En Alto Volta, algunas tribus estiman que el clítoris es un órgano que pone en peligro la vida de los recién nacidos: su contacto con la cabeza del niño durante el parto producirá la muerte de éste. En Mali, se opina que existe una fuerza maléfica en el clítoris de las mujeres que les impide procrear e incluso puede amenazar la vida o la virilidad del hombre que mantiene con ellas relaciones sexuales. En otros lugares del África subsahariana se sostiene que la mutilación embellece a la mujer, al librarla de un órgano exterior que recuerda en cierta forma al del hombre, y cuya supresión la convierte en totalmente femenina.

En general, en la mayor parte de los lugares donde se llevan a cabo estas prácticas, quienes defienden la mutilación se andan menos por las ramas y confiesan que el tema tiene un carácter eminentemente social. A la mujer se la circuncida para que en ella la sexualidad ocupe un plano íntimo y no exista la palabra maldita: excitación. El clítoris constituye un elemento de placer para la mujer, y el hecho de que esta goce con el acto sexual no es sólo poco adecuado socialmente, sino que pone en seria duda, para un esposo de pro, la condición moral de su cónyuge. La mujer está hecha para procrear, y punto. El placer estéril debe dar paso al poder fecundador, que es lo único importante. Además, la mutilación femenina, al privar a ésta de su más notable aliciente erótico, reduce considerablemente los dos principales peligros para el honor masculino local: la pérdida de la virginidad antes del matrimonio y el adulterio. De ahí que padres, esposos, hermanos y demás familia se muestren celosos conservadores de semejante práctica y la impongan a las hembras de su entorno social. Especialmente habida cuenta de que una virgen, según la vieja frase, sigue valiendo diez camellos en numerosos lugares de Oriente Medio y África.

Las modalidades más extendidas de circuncisión femenina son cuatro. La más suave es la sunna, que consiste en practicar una pequeña excisión en el clítoris, intervención que no suele afectar a la vida sexual de la mujer. La segunda modalidad, basada en la primera, consiste en una excisión mucho más profunda, y ambas ofrecen la peculiaridad de ser relativamente menos dolorosas y ofrecer ciertas posibilidades de recuperación con el transcurso de los años. Los dos tipos de circuncisión que siguen son bastante más crueles, pues no se trata ya de excisión, sino de amputación. Se da, por una parte, la clitoridectomía parcial o total, que abarca el clítoris e incluso los labios menores. La matrona encargada de la operación utiliza al efecto, según los lugares, las costumbres y los medios disponibles, hojas de afeitar, bisturí, cuchillo, un trozo de vidrio e incluso, la cauterización con una brasa de carbón encendido. Huelga decir que, en la mayor parte de los casos, las operaciones se llevan a cabo sin anestesia. Y es costumbre frecuente que las mujeres, reunidas como para una fiesta, griten y canten mientras éste se lleva a cabo para apagar los gritos de la paciente.

La cuarta modalidad, la denominada “circuncisión faraónica”, es sin duda la más cruel. Se inicia con la amputación del clítoris y los labios inferiores, así como la pared interior de los labios superiores. Después la matrona utiliza espinas de acacia de una decena de centímetros de longitud para “coser” los labios superiores hasta que éstos cicatricen unidos. Cosida en toda la longitud de su sexo, a la operada sólo le queda un pequeño orificio, creado mediante una delgada vara de madera, para que la mujer pueda orinar y dejar pasar la sangre menstrual. Si todo transcurre normalmente y la “paciente” puede realizar estas necesidades fisiológicas con normalidad —en caso contrario debe ser abierta de nuevo—, a los diez o doce días se retiran las espinas y la herida empieza a cicatrizar. Sin embargo, las mujeres “infibuladas” —así se denomina esta modalidad— que llegan a su noche de bodas se ven obligadas a sufrir la terrible prueba de ser “desprecintadas” por el esposo. Para no extendernos más en detalles sobre el tema, que dejamos a la imaginación de quien lea estas líneas, diremos tan solo que éste acude a la noche de bodas con un puñal de doble hoja en el cinto.

En el aspecto sanitario, como se puede imaginar fácilmente, las consecuencias de estas prácticas son con frecuencia terribles. Si bien una minoría de operaciones se lleva a cabo quirúrgicamente en hospitales, en su mayor parte tienen lugar en deplorables condiciones higiénicas. Son frecuentes las septicemias y el tétanos, así como infecciones del aparato genital, que pueden producir la muerte de la mujer operada. Los fallecimientos por hemorragia suelen ser epílogo habitual de la tragedia. En el mejor de los casos, la circuncisión femenina puede saldarse con efectos secundarios, como incontinencia o retención de orina, dolores producidos por las relaciones sexuales con el marido, cistitis, vaginitis, infecciones pelvianas o formación de quistes dermoides, sin contar las secuelas mentales de la traumatizante operación. Y, naturalmente, huelga decir que la mayor parte de las mujeres que han sufrido excisión o infibulación —un 85 por 100, según las estadísticas— son total y absolutamente frígidas.

Aunque contar todo esto en 1980 puede parecer una tomadura de pelo, lo cierto es que la excisión se practica actualmente en absolutamente todos los países de la franja subsahariana y África oriental hasta Tanzania, así como en Egipto, Jordania, Siria, Iraq, sur de Argelia, los dos Yémenes y el sudeste de Arabia Saudita y Libia. Afortunadamente, la infibulación está menos extendida: sólo se da en Sudán, Etiopía, Somalia, Yibuti, este de Kenia y Chad y norte de Nigeria. Y no se lleva a cabo en secreto, sino que los practicantes, fieles a sus tradiciones, tienen muy a gala proclamarlo a los cuatro vientos.

Y 2 – ASÍ SE COMPRA UNA ESPOSA

Así se compra una esposa. Página de Pueblo de 1980.

A medianoche, la fiesta se detiene y los esposos se separan de los invitados para consumar la noche de bodas. Las horas siguientes transcurren entre la expectación general. Todo el mundo hace comentarios. Algún malintencionado comenta en voz baja, lejos de los oídos del padre o los hermanos, la posibilidad de que Mariam no sea virgen. Otros bromean sobre la virilidad, todavía no probada oficialmente, de Cherif. Poco antes del amanecer, todas las dudas se disipan. Con orgullo, la madre de la desposada muestra a los invitados una sábana manchada. Se suceden las felicitaciones. El honor familiar está a salvo, y el nuevo esposo no tendrá que repudiar a su joven mujer ni exigir la devolución de la dote.

La escena, que tiene lugar en Marruecos, se repite con pocas variantes en numerosos países árabes y africanos. Si la salud física y la capacidad para superar las tareas domésticas —muy duras en zonas rurales— hacen subir la cotización de una futura esposa, la virginidad de ésta es lo que realmente constituye el contraste de la alhaja a adquirir. Porque, todavía hoy, buena parte de los matrimonios que se acuerdan en estas regiones, incluso en países de los denominados progresistas, se aproximan más a una transacción de mercado que a un compromiso matrimonial, tal y como se entiende en Occidente.

En buena parte de África, así como en el mundo árabe, el denominado matrimonio “por amor” constituye, en la mayor parte de los casos, la excepción. Habitualmente se llega al compromiso matrimonial tras largas y complicadas consultas entre las dos familias afectadas. Consultas en las que la discusión sobre la dote —dinero o especies que el aspirante a esposo debe aportar a la familia de su pretendida— ocupa un lugar de primordial importancia. En algunas regiones, el día de la pedida de mano la familia del novio contrata los servicios de un orador profesional; una especie de maestro de ceremonias que se encarga de conducir el diálogo como manda la tradición. Y el punto culminante llega cuando, tras asegurar que la familia del novio no ha venido a comprar a la chica, de la que están convencidos que sus padres no prescindirían por todo el dinero del mundo, señala que en honor al respeto debido a los progenitores de la futura novia, el pretendiente les ruega acepten tantos dinares, tantas cabezas de ganado o tantas piezas de tela como regalo. Tras largas horas de discusión para ajustar los detalles del “regalo”, y siempre y cuando la cosa no termine en una pelea por un quítame allá esos camellos, los padres de la novia aceptan el ofrecimiento y se establece la fecha de la boda.

Como es evidente, un muchacho joven con escasos recursos económicos, por muy correspondido que sea su amor, tiene pocas posibilidades de desposar a la moza de sus sueños. Habitualmente quienes pueden pagar una mujer joven y hermosa son, paradójicamente, los ancianos adinerados, que pueden mantener las esposas que permite la ley más cuantas esclavas quieran, sin tener problemas económicos para adquirirlas. Por ello, para el joven árabe o africano que no posee nada que ofrecer a cambio de su amada no hay más que dos soluciones: infringir la ley, fugándose con su jovencita, o apañárselas para mantener una relación irregular. Esto último, en los países árabes, es prácticamente imposible y comporta graves riesgos. De todas formas, para los económicamente débiles, existe la posibilidad de pagar la dote… a plazos. Esta modalidad, que parece un chiste, se pone en práctica del modo más serio del mundo, mediante un acta firmada por ambas partes y refrendada por testigos de prestigio que avalen al peticionario.

Es en el mundo árabe donde con más intensidad se manifiesta este problema: la mujer queda reducida al carácter de mercancía, que se devalúa con el uso. Salvo contadísimas excepciones, basta darse una vuelta por las calles de cualquier ciudad, de Rabat a Kabul, para comprender el escaso prestigio que la condición femenina posee a ojos del varón. Sin embargo, el Islam es extenso, y no en todas partes se aplica con el mismo rigor. La concepción resulta muy distinta, por ejemplo, entre el desierto sahariano o la Península Arábiga y el África Central o Indonesia. En numerosos lugares no árabes, la práctica del Islam se reduce al mínimo: cinco plegarias por día, prohibición del cerdo, ayuno y, a veces, el alcohol. El mayor liberalismo en las costumbres que existe, tomemos por caso, entre la comunidad musulmana de Senegal, hace las actitudes más flexibles en lo tocante a la mujer. De todas formas, y según los especialistas, la mujer negra o asiática, a pesar de ser musulmana, nunca ha sufrido tantas inhibiciones como la árabe, en la que una sexualidad mediocre e incompleta suele ser la tónica habitual. Posiblemente, en el fondo de estas actitudes diferentes resida el hecho de que sólo el mundo árabe cuenta con un clero influyente, constituido por teólogos, cuyas teorías son decisivas a nivel social, y que ha hecho de la tradición y la ley Coránica bandera para conservar sus privilegios.

Sin embargo, resulta injusto hacer recaer sobre el Islam toda la responsabilidad. Al establecer en sus enseñanzas la total sumisión de la mujer a la autoridad del varón —todavía hoy en buena parte de países sólo es mayor de edad la viuda o la divorciada—, el profeta Mahoma no hizo sino reflejar un estado de ánimo y unas costumbres ya existentes en otras ideologías que precedieron a la suya. Ahora bien, es cierto que en el Corán —escrito no por Mahoma, sino por sus discípulos— y en las interpretaciones posteriores, la cuestión adopta caracteres de dogma. Aunque la religión islámica, en un principio, llevó ciertas mejoras a la situación de la mujer en su entorno social, lo cierto es que al mismo tiempo consagró otras importantes limitaciones: poligamia, repudio por parte del esposo, lapidación por adulterio, imposibilidad de heredar cuando hay otros parientes varones, etc. Y hoy es precisamente el carácter religioso conferido al tema el que se utiliza como argumento para perpetuar una dominación que, a dos décadas del siglo XXI, resulta por completo anacrónica.

Recordemos algún reciente y sonado caso en el que fue decapitada la mujer adúltera en plena plaza pública, y que la Prensa argelina se ocupó, en fecha todavía próxima, del caso de una mujer que fue arrebatada legalmente a su marido por haberse desposado sin el consentimiento de su hermano. En numerosos países de la Península Arábiga, las mujeres tienen formalmente prohibido practicar la natación. Y los famosos velos negros de Jomeini no necesitan comentarios. Por todas partes, los integristas musulmanes se oponen rotundamente a que la ley se vea modificada por el paso del tiempo. Y aquellos países que han intentado el “aggiornamento” tropezaron con problemas en el pasado, y todavía hoy calculan con mucho cuidado cualquier nuevo paso a dar. Especialmente tras la oleada de renovación y pureza islámica que sacude a la umma musulmana. Ya en los años veinte, en Afganistán, un intento de quitar el velo a las mujeres le costó el trono al rey Amanulah, hombre que había leído demasiadas revistas occidentales. La relajación en las costumbres femeninas fue una de las banderas esgrimidas por los fanáticos curas de Qom para liquidar el régimen del Sha de Persia, e incluso en Túnez, que sin lugar a dudas puede considerarse el país musulmán donde la mujer ha evolucionado más libremente hacia fórmulas occidentales, un feroz movimiento contestario, al que no son ajenas las propias féminas, está poniendo en serios aprietos a Burguiba.

Naturalmente, a medida que uno se mueve por el variopinto mundo islámico, le resulta posible observar cómo las circunstancias varían considerablemente, según las diversas peculiaridades locales, y cómo sobre un mismo terreno pueden darse enormes contradicciones. Verdad es que la mujer ha logrado realizar considerables avances sociales, especialmente en los países más occidentalizados y en los llamados “progresistas”. Pero también lo es que, en su mayor parte, estas ventajas corresponden a la población femenina de los grandes núcleos urbanos. En los desiertos, en el campo, lejos de las ciudades, la vida sigue siendo, en este aspecto, salvo algunas excepciones, casi la misma que hace diez siglos. En Libia, donde las Universidades de Gar Yunis y Fateh están llenas de muchachas jóvenes que estudian complejas carreras técnicas, un viaje por el sur pone de manifiesto que muy poco ha cambiado en las tiendas de los pastores desde los tiempos del Profeta. En Iraq, país que vive una revolución que ha logrado considerables avances en lo social, es posible ver a algunas chicas pasear en pantalón tejano y con el rostro descubierto por las calles de Bagdad —a horas “razonables”, eso sí—, pero en el interior todavía se paga una dote por comprar una esposa.

Hace un par de meses, en Bagdad, observando a las mujeres envueltas en el abala —el velo negro que se llama chador en Irán—, que aguardaban en la puerta de una mezquita, me sorprendí al ver que algunas de ellas fumaban, lo que no resulta frecuente en la calle. “Observa que todas son mayores de cuarenta o cincuenta años —señaló mi acompañante iraquí—. Han pasado ya la edad en que constituyen un objeto sexual para los hombres. Para ellas, fumar es un gesto que no constituye ya motivo de escándalo social”.

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Pueblo, septiembre de 1980

 

Arturo Pérez-Reverte en la época en la que realizó estos reportajes.

Arturo Pérez-Reverte en la época en la que realizó estos reportajes.

 

 

 

EDUCACIÓN SEXUAL

La imagen puede contener: una o varias personas

 

El orgasmo de una mujer no se obtiene cuándo le quitas la ropa, o cuándo tocas su cuerpo.

El orgasmo de una mujer comienza cuándo le mandas un mensaje, diciendo que pensaste en ella para empezar el día.

Comienza cuándo la ves, y en vez de hablar sobre ti y tu día, la escuchas, la haces sonreír, sostienes su mano, la miras a los ojos en lugar de quedarte en el celular.

El orgasmo de una mujer no comienza sin ropa, ni en la habitación de un motel, comienza en las pequeñas cosas, cuándo la etiquetas en una frase, en aquella broma que hiciste cuando lo único que quería ella era llorar.

¡El orgasmo no es habilidad física, es sensibilidad emocional!
No es sostener el cabello, y hacer que se sienta segura,
es tomar su alma y sacarla a bailar.

Las fascinantes contorsiones de la bailarina Belén Pouchan

Belén Pouchan conquistó la pista del programa ShowMatch con su elasticidad. Su cuerpo lo puede todo y estas fotos son una prueba más de eso.

Esta joven de 25 años se ha robado el corazón de millones de argentinos incluyendo el presentador y productor de programa Marcelo Tinelli. Pero luego de ver estas imágenes, entenderás la razón de como robarse el corazón de alguien.

Ella es una bailarina reconocida por dicho programa el cual tiene un talento innato que queda demostrado con cada presentación. Es que al parecer esta argentina no tiene huesos porque es sorprendentemente elástica.

Belén Pouchan práctica deportes desde niña y a los 12 años comenzó a hacer gimnasia rítmica. Su carrera dio un salto a los 17, cuando empezó a hacer circo con Flavio Mendoza y a participar de sus obras de teatro llegó a encabezar algunas de sus producciones, como Stravaganza y, actualmente, Mahatma. También trabajó como azafata en el programa de Guido Kazcka, A todo o nada.

“Además de danza, hago de todo: teatro, canto y estudio batería. Todo lo que sea artístico me gusta. De hecho, me cuesta decidir qué es lo que me gusta y eso a veces es un problema. Admiro a la gente que puede hacer muchas cosas distintas, como la competencia norteamericana So you think you can dance. Trato de juntar todo lo que aprendo y, por ejemplo, trasladar mis clases de teatro a la danza”, cuenta la joven, que con sus acrobacias ya se ganó el cariño del público de ShowMatch.

Es que con estas imágenes ya te darás cuenta como se ha ganado el cariño de tantos y seguro el tuyo también.

 

Lluvia dorada

Aunque parezca insólito, hay muchas más personas de las que creemos que gustan de orinarse sobre su pareja mientras tienen relaciones sexuales.

A esta particular práctica sexual se le conoce comúnmente como “lluvia dorada“.
Según un diccionario de sexualidad, “lluvia dorada” es la acción de orinar sobre otro con fines sexuales. En su versión más fuerte se orina en la boca y cara de la pareja que se somete. También se le conoce como “chaparrón” o “lluvia de oro“. En las prácticas sadomasoquistas se utiliza para humillar a la persona a quien se orina.
Otro diccionario de sadomasoquismo define a la “lluvia dorada” como una práctica fetichista donde el elemento de juego es la orina humana. Se trata de que el amo orine sobre diferentes zonas del esclavo u ordena a éste a orinar, bien sobre el amo, a él mismo o dentro de su vestimenta.

Existen tres tipos diferentes de llevar a cabo esta práctica:
Lluvia dorada simple: orinar sobre la piel de una persona; puede ser sobre el cuerpo (pecho o espalda), cara, genitales, glúteos o la superficie anal.

Lluvia oral: orinar dentro de la boca de otra persona. A veces hacer beber a la otra persona el orín, bien sea a través de un recipiente o directamente desde el pene o vulva. Otras veces lamer el orín sobre botas, suelo o la piel de otros participantes.
Lluvia anal: orinar dentro del ano de la otra persona; puede ayudarse de un dilatador manteniendo abierto el ano y orinar dentro como si se tratase de un excusado o directamente dentro del ano con el pene introducido.

“Me encanta que me batan de orines al estar cogiendo, pero lo que más me excita es cuando el hombre me tiene penetrada y empieza a orinarse dentro. La sensación de la orina caliente y el sentir cómo se va saliendo y escurriendo por mis piernas me lleva a niveles de calentura que nunca había alcanzado. Hay mujeres que les gusta que se orinen en su cara, a mí no porque si te entra a los ojos arde, es muy molesto y pierdes la concentración.”

“Mi novio, al estar haciendo el amor conmigo, se orinaba sobre mí. Eso me molestaba mucho y sentía asco. Nos separamos un tiempo, pero realmente lo extrañaba cuando estaba con otros amantes. Busqué a mi novio, hablamos y regresamos. Él me comprendió y lo fuimos practicando poco a poco. Ahora soy una adicta total a la “lluvia dorada”, nos ponemos muy cachondos.”

Un fiel de esta práctica dice que generalmente es el hombre quien se orina sobre la mujer, aunque existen variantes. Por ejemplo, hay hombres que se excitan con sólo ver a una mujer meándose o mujeres que disfrutan cuando su hombre las orina o dos mujeres mojándose al mismo tiempo u homosexuales a quienes les gustan ver a otros hombres mearse sobre los pantalones.

“En ocasiones no necesito ni tener relaciones sexuales, simplemente ver a una mujer orinándose me hace eyacular. Me gusta comprar las pantaletas que se pondrán y en donde les pido que se orinen; muchas me las piden y se las regalo.”

“Desde la adolescencia me gustaba orinarme mientras me masturbaba; luego con mis novias, aunque al principio me daba un poco de pena, y cuando se los pedía, muchas me rechazaron, luego me di cuenta de que sin decirles nada y haciéndolo, se calentaban muchísimo. Muchas se hubieran negado si se los hubiera consultado antes. Me he llevado también algunas cachetadas.”

Un nombre científico para definir este gusto por la orina es “urolagnia”: placer por la orina, en griego. Saludable ingestión de orina, conocida también como el “néctar ámbar”, la urolagnia es probablemente uno de los fetiches más comunes y antiguos en la historia de la humanidad. Además de fines medicinales, la orina forma parte del imperio de los sentidos, sobre todo en los de índole sexo-sensual.

“Desde chicos hemos sido castigados por orinarnos en las pantaletas, duro aprendizaje llegar a controlar nuestros esfínteres, por eso, lograr de adulto romper con ese mandato y hacerlo siendo ahora consciente, a voluntad, resulta muy excitante, y se cumple la regla de que siempre hay algo de placer en romper una regla, de transgredir el orden establecido y sobre todo en algo que socialmente es tan determinante como realizar la expulsión de los desechos del cuerpo en lugares diseñados para tales necesidades y preferentemente a solas y apartado“, explica una psicóloga, quien agrega que como la orina, ningún otro producto, salvo el excremento, está tan cercanamente asociado a los órganos sexuales.

“El hombre por ejemplo utiliza la misma tubería para transportar lo mismo orina que semen y la mujer tiene una gran tendencia a excitarse sexualmente tanto al vaciar sus vejigas, como al retener la orina.”

Se ha comprobado que durante conciertos de músicos que han causado histeria entre las jovencitas púberes se las ha encontrado meadas por la excitación de ver a sus ídolos, así lo anota la biografía del grupo The Beatles, en donde se dice que en sus conciertos abundaron, además de los gritos y llantos, decenas de pantaletas meadas abandonadas en el lugar.

En el libro titulado Stairway to Heaven, de Richard Cole, se describe un concierto de los Rolling Stones en Londres que dice: “Las chicas del público estaban absolutamente histéricas, gritaban, gemían, y algunas incluso se orinaron en las pantaletas, creando arroyitos que fluían hasta el surco de los asientos de las primeras filas frente al escenario formando un río de orines.”

Por otra parte, la revista británica Gay Times anota que existe todo un código homosexual para que los practicantes de la “lluvia dorada” se reconozcan entre sí. Portar una cinta amarilla sobre el brazo izquierdo indica que el portador desea que lo orinen, y en el derecho significa que el usuario desea orinar a alguien.

En cuanto a cómo mearse durante las relaciones sexuales, existen muchas posiciones según preferencias, pero generalmente se catalogan en 2 grandes grupos:
1. Los hombres mean de pie y las mujeres en cuclillas.
2. Los hombres mean recostados y las mujeres permanecen de pie.

El grueso de las fotografías sobre “lluvia dorada” que aparecen en diferentes páginas de Internet es de personas desnudas, pero entre ellas se encuentra una muy interesante en donde se puede ver a la gente orinándose sobre la ropa que trae puesta o en lugares públicos.

Así es como te avisa tu cuerpo cuando te urgen las relaciones sexuales

Así como la fiebre nos dice que tenemos una infección, la sed que tenemos sed o el dolor que se está corrompiendo nuestro organismo, hay síntomas que nos avisan que necesitamos tener relaciones sexuales.

Es que la endorfina y oxitocina son dos de las hormonas que son segregadas durante y después del placer, las cuales nos ayudan a combatir dolores y malestares físicos ya que funcionan como un analgésicos. Pero esa es solo la punta del iceberg. A continuación, los síntomas de la necesidad:

Insomnio
La falta de sexo causa problemas para dormir y además provoca un descenso en la concentración, irritabilidad, fatiga, pérdida de reflejos y coordinación de movimientos como producto de un mal descanso.

Esto se debe a que durante el acto sexual se segrega oxitocina, una de las hormonas encargadas de aumentar la calidad del sueño. Por eso, la disminución de la frecuencia puede desencadenar esta problemática.

Migraña
Los neurólogos de la Universidad de Münster de Alemania realizaron un estudio en el que determinaron que la actividad sexual ayuda a eliminar el dolor de cabeza o las migrañas. Por eso, la falta de sexo puede favorecer este tipo de malestares.

Estrés
Los cambios de humor suelen ser uno de los indicadores más notorios. Altibajos en el carácter, aislamiento social y retraimiento suelen ser las señales más “obvias”. Lo cierto es que aquel que se encuentra experimentando esta etapa difícilmente puede notar que está atravesando este momento.

Todas estas sensaciones generan estrés a nivel físico y emocional. Sin embargo, con el correr de los días y meses es posible que las emociones de índole negativa tales como el pesimismo y la irritabilidad se hagan cada vez más presentes.

Falta de brillo en la piel
Durante el acto sexual los poros de la piel se abren y van liberando impurezas, facilitando la eliminación de toxinas a través del sudor. La circulación sanguínea se activa y de esa forma hay una mayor “limpieza” de adentro hacia afuera.

Aislamiento
Dejar de relacionarse con el sexo opuesto en la “cama” de manera repentina o paulatina puede ocasionar aislamiento social. Esto se debe a que hay una baja en la producción de endorfinas, una de las sustancias encargadas de mantener el buen humor.

En casos extremos el individuo puede comenzar a experimentar soledad, depresión o ansiedad.

Conducir por el lado izquierdo en Inglaterra

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Por esta curiosa razón:

Conducir por la izquierda es una norma exclusiva de Inglaterra o de países que fueron colonia inglesa y se remonta a la época medieval.

Para esos tiempos, la circulación a caballo se realizaba por la izquierda, para dejar la mano derecha del jinete libre.

También se dice que los cocheros, en la épocas medieval, en Inglaterra, llevaban un látigo en la mano derecha, y si no iban por el lado izquierdo, éste golpearía a los peatones.

Esta tradición se ha conservado desde que aparecieron los primeros vehículos motorizados.

En el resto de Europa se conduce por la derecha. De hecho, se dice que Napoleón Bonaparte -quien era zurdo- mandó una orden que proponía que en todos los países conquistados por él se debía circular por la derecha.

Inglaterra nunca fue conquistada por Bonaparte, por eso, siguió circulando por la izquierda.