Mes: abril 2015

Porqué es importante la soledad

La soledad puede ser  entendida de muchas maneras, dependiendo de la situación, el estado de ánimo o lo que esté sucediendo en nuestras vidas; para algunas personas la soledad significa depresión, aislamiento, huir de algo o de alguien y, lo más común, miedo.

La soledad puede verse como algo negativo y suele ser uno de los miedos más fuertes de los seres humanos, miedo a estar y sentirse solo, pero más allá de pensar que estar solo nos traerá sólo vivencias negativas, la realidad es diferente; darte un tiempo a solas es una experiencia para probar algo nuevo en tu vida.

Encuentra tu yo interno. La soledad es una  oportunidad de aprender a disfrutar de nuestro tiempo, buscar un equilibrio en nuestro interior, encontrarnos con nosotros mismos, es el momento en el que podemos conocernos, pensar en nuestras vidas, tener un crecimiento personal y, lo más importante, enfrentar el miedo a esta y darnos cuenta que no es tan malo como lo pensamos. 

Debemos considerar a la soledad como un espacio de aprendizaje, ya que tenemos el silencio como compañía y nos permite relajarnos, abrir nuestra mente y poder escucharnos tranquilamente, reflexionar y levantarnos más fuertes para seguir adelante.

La soledad tiene beneficios en la salud mental, estudios demuestran que el cerebro tiene un mejor desarrollo y trabaja de una manera más adecuada cuando se encuentra solo, la capacidad de concentración aumenta significativamente, lo que da a tu vida mayor rendimiento.

La convivencia en grupo nos lleva en algunas ocasiones a seguir el camino por  dónde van los demás, y tomar  decisiones de acuerdo a lo que la mayoría opina, pero esto no es correcto, cada persona debe tomar sus propias decisiones en base a su conciencia y su perspectiva de la situación; cuando tengas que tomar decisiones en tu vida, regálate 5 minutos a solas para poder analizar lo que sucede a tu alrededor y que tu decisión sea tomada sólo por ti, no por la opinión de un tercero.

El ajetreó de la vida cotidiana nos lleva a olvidarnos de lo más importante “tú mismo”, siempre estamos al pendiente de la familia, los amigos, el trabajo, la escuela, los hijos,  y nos olvidamos de la parte más importante, nosotros mismos. ¿Realmente conocemos nuestras necesidades?, ¿trabajamos para poder cubrirlas?, ¿qué tengo y qué me gustaría tener?, son preguntas que debemos resolver y contestarlas con la mayor sinceridad posible, verás que no te has puesto tú como primer lugar en tu vida.

También nuestro yo, necesita de un mantenimiento constante; para dar más a los demás debemos estar bien con nosotros, busca ese momento especial donde poder encontrarte y descubre qué maravilla es tener un tiempo a solas. La soledad es el lugar ideal para encontrarte contigo, pero no elijas ese lugar para quedarte para siempre, porque estarás en serios problemas.

Ve en búsqueda de ese espacio y momento para encontrarte con la soledad, no pongas el tiempo como pretexto para no hacerlo, oportunidades siempre vas a tener, lo que se requiere es voluntad para enfrentar ese miedo, ya verás que experimentarlo será  muy agradable y saldrán muchas cosas buenas para ti y para tu vida.

El amor: ¿cuestión de química o de compromiso constante?

Generalmente en cuestión de amores, nosotros casi nunca nos cuestionamos acerca del porqué nos enamoramos de determinadas personas. Es decir, es hasta que estamos en una relación, y generalmente cuando surgen las diferencias, que comenzamos a cuestionarnos, sobre lo que pudo haber influido para que nos hayamos enamorado de una persona y no de otra; y sobre todo, nos lo cuestionamos con más frecuencia, cuando terminamos con una relación, pues vuelve a surgir otra interrogante: ¿Es que dejé (o dejamos) de sentir atracción o simplemente no luché lo suficiente para conservar este amor?

Es claro que todas las relaciones comienzan con una atracción. Primero debe llamarte la atención una persona para poder acercarte a ella o para tener el deseo de conocerle más, esta atracción, cabe destacar, no podemos limitarla a la belleza física, o a los cánones establecidos de ella socialmente, ya que más de alguno de nosotros habremos conocido a alguien que para otros sea sumamente atractivo, pero a nuestros ojos no lo sea, y no sintamos esa “química” de la que tanto se habla la cual está más íntimamente ligada al enamoramiento que al amor en sí.

Pero ¿de qué se trata realmente esa química del amor?, ¿realmente existe una afinidad más allá de lo que llegamos a comprender, debemos creer en todas esas historias románticas que nos dicen que tenemos a otro destinado para nosotros y que es por ello que cuando conocemos a alguien especial, terminamos enamorándonos rápida y profundamente de él? Podríamos creerlo, pero hacerlo fielmente nos podría incitar a caer en una trampa muy frecuente en torno a las relaciones amorosas: dar el amor por sentado y pensar que sólo por ello durará por siempre, con la misma intensidad, profundidad y sanamente, sin que nosotros tengamos que hacer nada para mantenerlo.

Todas las personas de este mundo provenimos de una historia de amor, independientemente de las vertientes y particularidades de cada uno de nosotros, nacimos de unos padres, que se amaron por poco o mucho tiempo y a su vez nos amaron desde que nacimos y sobre todo, nos sembraron la semilla del amor, con el cual nos conduciremos toda nuestra vida, y más que el destino, esto es lo que nos marca el camino que seguiremos en cuanto a las elecciones de pareja. Es decir, que cuando conocemos a una persona especial, es aún más especial de lo que pensamos, pues ésta es justo compatible con lo que a partir de nuestras referencias de amor aprendimos, no lo detectamos a simple vista, pero nuestra mente sí, es por eso que el amor es tan poderoso y, sobre todo, tan selectivo.

Una vez pasando esa primera etapa, la de la atracción, o de la selección, como sea que queramos llamarle, por supuesto que de ahí surgen reacciones químicas en nuestro cuerpo, cuando estamos enamorados, nunca tenemos duda de ello, y nuestro cuerpo es el que menos duda al respecto; pues es en esa etapa en la que hay mayor nivel de serotonina, nos sabemos y sentimos más felices cuando estamos al lado de quienes amamos. Así es que, como respuesta de lo que sentimos físicamente, y de las reacciones que tiene nuestro cuerpo, demostramos actitudes particulares; siempre que hemos estado enamorados, seguramente habremos escuchado de la gente que nos rodea que nos ve más sonrientes, incluso, que se nos ilumina la mirada cuando vemos o hablamos del ser amado, y sentimos que queremos abrazarle y estar cerca de éste todo el tiempo,  y eso no es coincidencia. Es resultado de esta química – atracción.

¿Y después del enamoramiento qué sigue? Es verdad que esta es una de las mejores y más intensas etapas de todo ser humano, pero no es eterna, y generalmente dura sólo  unos meses, pero eso no indica que ahí termina todo el encanto, después del enamoramiento que es la etapa en la cual estás conociendo a tu pareja, y probablemente sea cuando más perfecta le veas, y que, aunque realmente ésta sea una persona llena de muchas virtudes como seguramente le ves, también como todas las demás, tiene sus defectos, muchos o pocos, pero los tiene. Es entonces que después del enamoramiento  comenzamos a conocernos mejor, con nuestros pros y nuestros contras, con nuestras virtudes y defectos; y logramos establecer  un punto medio de nuestra convivencia de pareja, y ahora podemos darle paso al amor real. Es cuando se requiere de mayor dedicación y cuidado de nuestra parte para mantener ese amor y relación. Un amor real y sano al que todos aspiramos y como el que todos merecemos.

¿Qué compone la atracción entre pareja?

La atracción es un concepto que podemos aplicar en diversas áreas de nuestra vida, sin embargo, cuando hacemos referencia a la atracción, generalmente lo asociamos con lo físico o lo erótico. Es justamente Helen Fisher quien propone que la atracción física  y sexual son parte fundamental del proceso de emparejamiento humano.

Por ejemplo, cuando dos personas se conocen, surge un “click” como respuesta al proceso químico que producen las hormonas, pero con ello existen tres factores que complementan la atracción entre ambos: la cultura, las características físicas (ojos, cabello, estatura, el cuerpo en general) y características externas (vestimenta, gustos, etcétera), es por ello que generalmente tendemos a elegir como pareja a aquel con quien sentimos química, porque además de las hormonas también existe semejanza con lo que nosotros mismos somos. Una vez que se da este “click” en la pareja, comienzan a hacerse planes con respecto a la vida que han de compartir juntos, se idealiza la relación y se activan 4 pilares esenciales para la estabilidad conyugal: proyecto en común, lo económico, la ternura y lo erótico, pilares que deben ser retroalimentados a partir de la reciprocidad de quienes participan.

Los terapeutas de pareja hacen referencia a que estos 4 pilares, son la constante en la consulta, pues siempre la pareja muestra desacuerdo en uno o varios de estos componentes. La pregunta aquí es ¿por qué las parejas tienen conflictos en cualquiera de estos componentes? Bueno, creo que la respuesta es sencilla ya que todos, en más de una ocasión, hemos experimentado esa sensación: la insatisfacción. Cuando una persona no disfruta o no goza lo que tiene o hace, huye, lo hace con la posibilidad de encontrar algo mejor que le permita recuperar el equilibrio para sentirse pleno.

En las relaciones de pareja pasa algo similar, sólo que en este subsistema (la familia como sistema central), hay en juego una pieza sumamente importante: la renuncia al anhelo idealizado de la pareja perfecta, renuncia que suele sentirse como fracaso y por eso es que cuesta trabajo reconocer que algo no está funcionando.

La buena noticia es que cuando uno se permite identificar pero sobre todo aceptar que algo en la relación no está funcionando, hay mayores posibilidades de restablecer el equilibrio y esta posibilidad se basa en la comunicación. La comunicación es un elemento indispensable en toda relación humana, desafortunadamente la tecnología ha ido remplazando los medios claros y precisos para dar a conocer lo que pensamos, sentimos o deseamos; esto sin duda influye en la manera en que interactuamos con nuestra pareja. Hablar con tu pareja cara a cara, en un espacio íntimo y con la flexibilidad para escuchar lo que ambos tienen que decir sobre lo insatisfechos que se sienten con respecto a cualquiera de estas áreas, permitirá que ambos reanalicen qué es lo que les hace falta para reencontrarse. La atracción es un proceso de compatibilidad con el otro a partir de lo que nos gusta, lo que deseamos y lo que necesitamos.

¿Cómo saber si debo terminar mi relación de pareja?

¿Cómo saber cuándo es tiempo de dejar atrás la vida de pareja que estoy viviendo y seguir adelante? Es muy difícil responder esta pregunta: si sientes que en tu vida de pareja ya no existe esa emoción de estar juntos, las cosas no van por buen camino, cada vez son menos tolerantes el uno con el  otro, es bien sabido que un amor que no se cultiva se acaba.   Para ninguna de las dos partes es sano seguir aferrándose a una relación que ha perdido el rumbo, en algunas ocasiones nos aferramos tanto a alguien, que perdemos el sentido de nuestras vidas y por ese motivo no queremos terminar una relación, nos aterra la soledad y llegamos a creer que puede ser peor que seguir viviendo en pareja. Algunas señales para saber que este momento ha llegado son las siguientes: El cambio prometido nunca llegó. Esto aplica para todas aquellas personas que decidieron compartir sus vidas bajo una promesa  “por ti voy a cambiar”, pero han pasado los años y el cambio no llega, las cosas cada vez son peores, si las cosas son cada vez más graves  y ya no es soportable, entonces puede ser que el momento llegó. La confianza ya no existe. Llegamos a un punto delicado, donde algunas parejas han adoptado la confianza como un lema de amor, cuando ésta se ha perdido comienzan los problemas. En algunos casos las parejas lo conversan y llegan a la conclusión de una segunda oportunidad, sin embargo algunas otras deciden perdonar la falla por la que se ha perdido la confianza pero deciden seguir cada uno por caminos diferentes. El diálogo se perdió. Es muy común que con el paso del tiempo las parejas pierden el sentido de compartir y hablar, ya no existen momentos interesantes de diálogo, las pláticas se han convertido en discusiones y reclamos; esto no puede ser tan grave si se tiene el compromiso de darse 5 minutos tiempo fuera cuando crean que no es el momento ideal de hablar. Hay un tercero en la relación. En este punto no solo hablamos de un tercero con el que se fue infiel, sino en ocasiones se da que alguna otra persona ya sea familiar, amigo, etc. se meten en la relación de dos. Aquí es importante analizar qué tanto ese tercero es importante para alguno de los dos, para que influya de esta manera en sus vidas y si llegar a terminar una relación vale la pena. Pero la pregunta más importante es: ¿estás preparado para este paso? Si estás pasando por este momento, posiblemente tu mente no esté clara, y estés pensando más con coraje, sin escuchar a tu corazón; antes de decidir seguir o terminar, es recomendable darte un tiempo a solas, meditar sobre todo lo que han vivido, si es posible hacer una lista de las cosas buenas y malas y ver qué es lo que está pesando más. Si logras escuchar tu voz interior ella será la más sabia y te dirá qué hacer. La separación no es fácil pero si llega el momento de hacerlo, tómalo con sabiduría y madurez, es importante que lo veas cómo un momento de cambio, de modificar el rumbo de tu vida y de comenzar de nuevo, buscando siempre el objetivo de “ser feliz”. Si las cosas no van bien, y es difícil que mejoren, puede ser que estés perdiendo tu vida en un agujero sin salida. Es importante no perder el amor propio y decidir luchar por estar bien tú. La vida sólo es una y la decisión de vivirla feliz es tuya.

¿Cuántas veces piensa un hombre en el sexo al día?

Hace unos años se extendió por internet la noticia falsa, que aún perdura en algunas cadenas de correo y páginas de dudosa reputación, que aseguraba que los hombres piensan en sexo cada siete segundos –algunas versiones hablan de seis y otras de diez–. Esto implicaría que, descontando las horas de sueño, los hombres están pensando en sexo 7.200 veces al día. No cabe duda de que es un invento pero, aún así, seguimos creyendo que los hombres, de forma irremediable, están todo el día dándole vueltas a lo mismo. Y hay científicos que han tratado de estudiar si es cierto.

En 2011 un grupo de investigadores de la Universidad Estatal de Ohio realizó un estudio, publicado en el Journal of Sex Research, que llegó a la conclusión de que los hombres piensan en cuestiones relacionadas con el sexo unas 19 veces al día, mientras que las mujeres lo hacen unas 10 veces.

Los participantes del estudio, 283 hombres y mujeres de entre 18 y 25 años, recibieron un pequeño contador con tres botones (“sexo”, “comida” y “sueño”) que debían pulsar cada vez que sintieran una de estos tres “instintos” básicos. El autor principal de la investigación, el profesor de psicología Terri Fisher, aseguró que “entre chicos y chicas no solo existe una diferencia en cuanto a la cantidad de pensamientos sexuales, sino también en lo relativo a otras necesidades físicas, como la comida o el sueño”. Algo que consideraba “muy significativo”.

Siempre pensamos en lo que no debemos pensar
Pero ¿realmente se trata de un estudio significativo? Aunque la investigación tuvo en su día un gran eco mediático (algo que no es de extrañar dada la temática) es un buen ejemplo de lo que se conoce en psicología como “el problema del oso blanco”. En 1987 el psicólogo social Daniel Wergner pidió a los participantes en un estudio que suprimieran cualquier pensamiento sobre un oso polar: el resultado fue que, sin quererlo, acabaron obsesionándose con el oso imaginario, que no salía de sus cabezas. 

¿Si tienes encima un contador con la palabra ‘sexo’, no acabarás pensado más en sexo de lo que lo harías si no tuvieras el contador?
La realidad es que aún no conocemos una manera precisa de medir los pensamientos de una persona sin incurrir en los errores derivados de este fenómeno, conocido técnicamente como el “proceso irónico”. ¿Si tienes encima un contador con la palabra “sexo”, no acabarás pensado más en sexo de lo que lo harías si no tuvieras el contador? No es difícil imaginar a los participantes andando por el campus de la facultad de psicología con el contador en la mano tratando de no pensar en sexo y a la vez, pulsando el contador cada vez que lo hacían. Hubo un participante que llegó a pulsar el botón 388 veces en un día. ¿De verdad este chico pensaba en sexo cada dos minutos o fue sólo una víctima del experimento?

El propio Fisher reconocía en su artículo las limitaciones de su método. “No somos capaces de estudiar cuánto duraron esos pensamientos ni la naturaleza de los mismos. Tampoco sabemos si los participantes siguieron las instrucciones y realmente pulsaron el contador cada que tuvieron un pequeño pensamiento que tenían que anotar”.

Otra investigación, otro resultado
Los investigadores de Ohio no son los únicos que han estudiado esta cuestión, y los resultados de otras investigaciones, realizadas con otros métodos, arrojan resultados muy distintos. En 2012 el psicólogo social Wilhelm Hoffman y sus colegas de la Booth School of Business, trataron de averiguar cuántas veces piensan los hombres sobre sexo mediante una aplicación para móviles, que preguntaba a los participantes en momentos aleatorios del día cuáles eran sus más recientes pensamientos.

Sólo se registraron pensamientos sexuales, en la media hora anterior a que saltara la alarma (una vez al día), en el 4% de las ocasiones

Los resultados de su investigación, publicada en la revista Psychological Science, fueron muy distintos a los de sus compañeros estadounidenses. Sólo se registraron pensamientos sexuales, en la media hora anterior a que saltara la alarma (una vez al día), en el 4% de las ocasiones. Esto era mucho menos de lo que pensaban en comida, dormir, lavarse, salir con los amigos, el tiempo libre y, hasta las cinco de la tarde, tomarse un café. Ver la televisión, leer los correos y otros usos de las nuevas teconologías también tenían más presencia que el sexo. De hecho, el sexo sólo se covertía en un pensamiento predominante al final del día, cerca de la media noche, pero incluso en esos momentos había más participantes que estaban pensando en dormir. Unos resultados igualitos a los obtenidos por Fisher.

¿De qué estudio podemos fiarnos? Según el psicólogo cognitivo de la Universidad de Sheffiled Tom Stafford, que ha analizado estas investigaciones en un artículo en la BBC, tampoco este estudio se libra del “problema del oso blanco”, ya que los participantes sabían que en algún momento del día iba a sonar la alarma y tendrían que contestar en qué estaban pensando. La gente podía sentirse avergonzada de pensar en sexo durante el día y no comunicarlo.

La realidad, nos guste o no, es que somos incapaces de medir en tiempo real lo que está pensando una persona sin condicionarle a que piense una u otra cosa, por lo que, a día de hoy, es imposible saber a ciencia cierta cuánto piensan los hombres sobre sexo (y sí lo hacen más que las mujeres).

Probablemente la frecuencia varíe entre las personas, y en la misma persona según las circunstancias, pero al saberse parte de un experimento todos los participantes cambian lo que deberían ser sus pensamientos “reales”. Pero hay algo más, como explica Stafford, “los pensamientos no son como las distancias, que se pueden medir en centímetros, metros o kilómetros. ¿Qué es un pensamiento? ¿Cuán grande tiene que ser para tenerlo en cuenta? Son demasiadas cosas en las que pensar”.

El aburrimiento creativo

La sociedad en la que vivimos nos exige, nos empuja y nos obliga a entrar en la carrera de un rendimiento casi suicida: “Para ser el mejor, debes llegar al extremo de la competitividad, a cualquier precio, cueste lo que cueste”.

Ser feliz es, según esta consigna: renunciar al derecho a la pereza y el ocio, a la lentitud, al fracaso, a la desactualización, en fin, desistir ser uno mismo y creer ciegamente en una ambición desmedida. Algunos filósofos llaman a esto la sociedad del cansancio.

Y es verdad: ¡cuántas cosas debo hacer para ser aceptado o respetado por la cultura! Pero contrario a esta obsesión por la hiperactividad y multitarea alocada, existe un oasis de crecimiento que no lo utilizamos a menudo: el aburrimiento creativo. La pereza y el ocio, la inmersión contemplativa del universo y de lo que me contiene, mimetizarme con el paisaje y dejar que el tiempo transcurra, para que la creatividad se manifieste; o mejor, yo trascurrir con el tiempo.

Cuando no estoy pegado al logro y al éxito compulsivamente y a cualquier precio, soy yo “naturalmente”, con lo sencillo, abarcando la totalidad. La alegría de vivir no está anclada en ser el “mejor”, sino en ser uno mismo de manera auténtica, a cada paso, a cada inhalación, a cada pulsación, como un mantra gigantesco que te absorbe y te lleva a meditar mas allá de los requisitos impuestos por mandatos sociales irracionales. Vales por lo que eres, no por lo que lograste ni por lo que tienes. Si te desmontas del prestigio, del poder y la posición como metas y exigencias para ser respetado, descubrirás que seas quien seas, vales por el solo hecho de existir.

A veces el amor golpea la puerta en plena crisis. Y cuando te abrazo, cuanto nos reímos de cualquier estupidez, cuando siento que tus ojos me perforan tratando de traducirme, encuentro el espacio de paz de tranquilidad del alma, que los ambiciosos de turno no podrán alcanzar. Lo sencillo es amararte y que me ames, así tenga que luchar por mis ideales, así tenga que decirle al mundo que no estoy de acuerdo, y tus ojos, como un estallido de color café, me indiquen que no hay batallas imposibles si somos uno, sin dejar de ser dos.

Las mujeres que odian a los hombres

¿Qué pasa cuando el rechazo hacia lo masculino es realmente extremo?, cuando la situación ya no pasa por no querer estar con ellos, sino que es el odio es el único sentimiento que podemos entregárles. Esto es la misandria.

Muchas veces nos han dicho –o hemos repetido- frases tan típicas como “todos los hombres son iguales“, “todos son infieles” o “no confíes en ninguno“. En más de alguna ocasión también hemos sentido una especie de odio por algún hombre que nos partió el corazón. Esto es parte de procesos normales de decepción frente al sexo opuesto, pero existe una reacción mucho más extrema donde se odia al género masculino. Eso es la misandria, el odio hacia los hombres.

Pero ¿qué significa realmente misandria?, ¿hasta qué punto una mujer puede llegar a odiar todo lo masculino? El psicólogo Rodrigo Venegas, de la Universidad San Sebastián, explica que como concepto, el término misandria no está tipificado en ningún manual de enfermedades mentales. Para él, “es un concepto que emerge más popularmente pero que no tiene un trasfondo ni una base clínica muy poderosa”.

Rodrigo es psicólogo clínico y se basa en su experiencia -donde ha tratado a más de 200 mujeres- para intentar explicar el odio de las mujeres hacia los hombres. “Lo más común son las historias de stress post traumático relacionado con historias de abusos sexuales o violencia en la infancia, asociando muchas veces al abusador con su núcleo familiar. Y son esas historias las que se guardan como un secreto hasta la adultez”. Ahí, en estos casos, el especialista no ve una misandria como tal, sino que “he visto que se aburren de los hombres pero no necesariamente se convierte en un rechazo hacia ellos, sino en un ‘me aburrí de ellos’ o un ‘ya no quiero más’ y eso lo vemos en que si tiene un hijo hombre, no lo va a odiar ni rechazar”.

Para tratar de explicar este nuevo concepto, Rodrigo Venegas ve en el feminismo una especie de excusa frente a este rechazo tan fuerte de la mujer hacia el género masculino. “El feminismo puede calzar muy bien para justificar la misandria. Es en estos discursos más radicales las mujeres se permiten este rechazo hacia lo masculino sólo porque sí”, sin embargo, es enfático en aclarar que no hay que generalizar pues esto no quiere decir que todas las feministas sienten odio hacia los hombres.

¿Cuál es el origen de la misandria?
Al no ser catalogado como una patología psiquiátrica o psicológica, el concepto de misandria no se sabe bien cuándo ni por qué surgió. Para el sociólogo Pablo Cárdenas de la Universidad San Sebastián, la misandria surgió como reacción directa a la misoginia.

Para él, en las facciones del feminismo más radical podemos encontrar algo del origen del concepto como tal. “Estas ramas más radicalizadas en vez de defender las virtudes de la mujer, atacan lo opuesto, que son los hombres. De ahí puede venir la explicación social del por qué existen estas mujeres que odian a los hombres”, considerando los primeros movimientos feministas de los años sesenta.

“Todos estos fenómenos de oposición hacia el otro género son bastante raros porque lo que hacen no es valorar lo básico de la mujer sino que se traspasa a odio”. De hecho, explica que la salida más fácil es echarle la culpa al otro.

Sea como sea, exista o no el concepto de misandria, la lucha entre géneros ha ido aumentando pues a medida que avanzamos como sociedad, la mujer está ganándose un puesto que hace 20 años no tenía. Es así como ahora existen empresas donde los altos cargos son paritarios, sin embargo, la desigualdad en sueldos existe. Es un tema donde ambos extremos: misandria o misoginia no tienen la verdad absoluta y la solución a los problemas está en el punto medio.

¿Importa la diferencia de edad en el amor?

A lo largo de los años, muchos se han hecho la pregunta sobre la incidencia que puede tener la diferencia de edad cuando piensan en dar ese gran paso hacia el altar.

Dos reconocidos especialistas en relaciones de pareja, el doctor Charles D. Schmitz y su esposa, la doctora Elizabeth A.Schmitz, dan una escueta respuesta a esta interrogante: “Depende” y, de inmediato, pasan a analizar el tema con base en las muchas entrevistas que han hecho a parejas alrededor del mundo.

“A través de los cientos de contactos que hemos tenido con las parejas hemos determinado que cuando se ama de verdad, la edad no tiene mucha importancia en la mayoría de los aspectos de la relación. Sin embargo, existe un punto muy real relacionado con esto: hay ciertas circunstancias en las que la diferencia en edad sí incide en la relación amorosa y, por tanto, en el matrimonio”, anotan los expertos.

Revisando una serie de posibilidades señalan que, por ejemplo, si una mujer de 17 años piensa casarse con un hombre de 47 quizás la idea no sea tan buena, puesto que las experiencias de una prácticamente adolescente son muy diferentes de las de una persona que ya tiene en su haber más de cuatro décadas. A los 17 años todavía se pudiera decir que se trata de un adolescente en la mayoría de aspectos, en cambio una persona de 47 años es alguien que probablemente ha alcanzado una gran experiencia y que por lo general ha vivido las pruebas y tribulaciones que la vida siempre presenta. Estas diferencias pueden significar grandes retos para la relación, sin duda alguna.

“El éxito potencial de un matrimonio realmente sí depende de la madurez y el nivel de experiencia de quienes se aman. La verdad clara y precisa es que no existe una diferencia mágica de edad cuando del amor y el matrimonio se trata. Sin embargo, en nuestra experiencia hemos podido ver que mientras más corta es esa diferencia entre dos personas que se aman, mayor será la posibilidad de construir un amor que perdure. Ya sea que la diferencia de edad sea de uno, cinco, 10 o más años, el amor verdadero triunfa sobre todo lo demás. La verdadera interrogante es más bien ‘¿cómo saber que es amor de verdad?’, versus otra pregunta ‘¿qué edad tiene la persona amada?’. Amar es mucho más importante que cualquier diferencia de edad entre dos personas que dicen amarse mutuamente”, aseguran los expertos.

Un ejemplo que se puede usar como espejo
Para comprender mejor lo anterior, los doctores Schmitz ejemplarizan la relación de Marco y Susana, quienes tienen 48 y 37 años respectivamente. Ambos son divorciados y, según los expertos, los dos han experimentado terribles matrimonios. Lo mejor que les ha sucedido es haberse encontrado. En realidad, se han enamorado profunda e inequívocamente el uno del otro. “Escucharles a ambos describir su relación amorosa en maravilloso y esperanzador. Ellos están redefiniendo el verdadero amor, no solamente se aman el uno al otro sino que han aprendido qué significa el sentirse respetados dentro de una relación, saben ahora lo que es la confianza y la honestidad mutua (ambos valores intrínsecos de una relación exitosa) y se valoran uno al otro como seres humanos dignos del mayor respeto, admiración y cariño”, señalan los expertos.

Añaden otros detalles de la pareja tales como que tanto Marco como Susana tienen hijos de un matrimonio previo y que ambos los aman profundamente y los protegen de manera extraordinaria y, por esta razón, los dos están de acuerdo en que no pudieran amar a otro hombre o mujer que no amara también a sus hijos.

“Eso es muy bueno para ellos. Al comienzo de la relación se mostraron muy cautelosos en relación con la diferencia de edad existente entre los dos. Pero con el tiempo esto dejó de ser un obstáculo y ahora se han enfocado en seguir juntos, amarse y apoyarse pues se han dado cuenta de que sus respectivas edades no interfieren en su más importante decisión: la de salir adelante con su relación”, indican los doctores Schmitz.

Lo que la investigación ha dejado
Para estos expertos, luego de tres décadas de investigación sobre el tema, han aprendido que el amor pone de lado cualquier consideración cuando el enamoramiento llega a su máximo nivel y, en la mayoría de casos, cuando llega al matrimonio, sin importar la edad de los miembros de la pareja ni la diferencia de años existente entre quienes se aman. La mayoría de matrimonios tienen éxito cuando la diferencia de edad entre esas dos personas que se aman es de aproximadamente 10 años o menos. Cuando la diferencia es mayor a 10 años, la tasa de éxito empieza a declinar. En cambio, cuando la diferencia es menos de 10 años, la tasa de éxito sube. En otras palabras, se pudiera decir que generalmente es cierto aquello de que a menos diferencia en edad, mayor es la posibilidad de que el matrimonio tenga éxito.

Sin embargo, los doctores Schmitz aseguran que no existe un elixir mágico cuando de amor se trata. “Estar enamorados, amar sin barreras es más importante que la edad. La edad pudiera ser algo relativo en una relación. Más aún, la edad tiene menor importancia en una relación que el amor y, además, el amor no tiene tiempo y de eso muchos pueden dar razón. Por otro lado, cada persona, cada pareja siente y piensa de manera individual y eso justamente es lo que atrae a la posible pareja”, señalan.

Pareja y dependencia ¿hasta dónde?

Vivir en pareja no significa renunciar a la individualidad. Todo ese asunto de ser “la media naranja” tómatelo como una metáfora, pero no lo creas. Nadie es la mitad de otro. Es más, que mantengas tu personalidad, tus gustos, tu manera de ver la vida a una relación es lo que la enriquece y la hace crecer. Es cierto que una pareja necesita de dos, pero en todos los órdenes de la vida.

Mantener espacios independientes en la pareja
Mantener la independencia y la autonomía hasta cierto grado es fundamental para una relación de pareja sana. Cada uno de los miembros tiene gustos comunes con el otro, pero también tiene preferencias diferentes que disfruta mucho. Sacrificar el gusto propio por los gustos del otro es un error muy común en el nombre del amor que no hace sino traer problemas a mediano o largo plazo.

Es desaconsejable no cultivar las aficiones propias, no mantener contacto con los antiguos amigos o no seguir practicando los deportes y actividades que te gustaban antes de conocer a tu pareja. Quizá no compartas todo con el otro pero esto no indica que sea la tuya una pareja mal avenida.

Tener actividades por separado facilita un tiempo de separación, de aire fresco, necesarios para extrañar, echar de menos al otro. El deseo de volver a ver a tu pareja viene dado de la ausencia temporal de la misma.

Independencia laboral en la pareja
Hay casos en que una misma pareja comparte algo más que amor. Trabajan en la misma empresa o dirigen un mismo negocio. En estos casos las horas de tiempo libre y las de trabajo son consecutivas y no existe separación entre los roles. Los problemas laborales se llevan a casa y los conflictos de pareja se traducen en un peor desempeño profesional.

Son estas parejas las que más necesitan forzar un espacio independiente del otro. Aunque no parezca necesario es muy importante permanecer un rato separados. Una de las cosas más importantes es el poder compartir con tu pareja novedades, impresiones, vivencias. Estar juntos 24 horas va empobreciendo la visión particular de las cosas, la simbiosis excesiva con la persona amada crea un lazo emocional de falta de identidad personal. Ya no sabes si te gusta algo o si a la pareja le gusta algo.

Amigos comunes y diferentes
Es inevitable, estando en pareja, compartir un grupo de amigos. Generalmente matrimonios de la misma edad, con intereses parecidos y que atraviesan el mismo momento que nosotros. Pero tener también amigos individuales es una excelente idea. Mantener los afectos de nuestra infancia o de la universidad. El grupo de trabajo, o los compañeros con los que compartimos un hobby o actividad. Un espacio para códigos diferentes a los de la pareja. Oxígeno, aire fresco que te permita valorar y añorar la compañía del otro.

No confundas amor con dependencia
El amor no exige que abandones todo cuanto eres para convertirte en lo que tu pareja quiere que seas. En primer lugar, lo que enamora de ti es quien tú eres. Si anulas eso, desaparecerá la magia que hizo que fueras la persona elegida para amar por otro. Para revisar si has perdido de vista tu independencia, chequea los siguientes puntos:

1) ¿Mantienes los amigos de antes de estar en pareja?

2) ¿Mantienes un hobby que te gusta sin importar si es compartido?

3) ¿Practicas algún deporte o actividad que te hace pertenecer a otro grupo humano?

4) ¿Tienes algún lugar en tu casa que puedas considerar “tu rincón”, donde nadie te moleste?

5) ¿Ves los programas de TV, películas o escuchas la música que a ti te gusta?

6) ¿Comes lo que te gusta?

7) ¿Conoces absolutamente a todos los amigos de tu pareja?

8) ¿Tienes en este momento algo nuevo que contarle a tu pareja, por pequeño que sea?

9) ¿Sientes que necesitas un momento a solas? ¿Disfrutas desproporcionadamente cuando eso sucede?

10) ¿Recuerdas lo que es ser “yo” y no “nosotros”?

Fíjate muy despacio en tus respuestas y en los sentimientos que tienes al contestarlas. Si tu relación se está volviendo asfixiante, háblalo con tu pareja. Necesitar una cierta independencia no es amar menos. Recuerda que “lo mejor de irse, es volver”.

Claves para afrontar adecuadamente una ruptura de pareja

En ocasiones, la pareja, esa sociedad de dos que hemos formado, se viene abajo. ¿Cómo continuar entonces? ¿Cómo manejar el dolor de la separación? Aquí van algunas recomendaciones:

1. Normalicemos nuestros sentimientos. En una situación así, cualquier tipo de emoción, por extraña y contradictoria que parezca, puede ser absolutamente normal.

2. Démonos tiempo para elaborar el duelo por la pérdida, tenemos que tener paciencia porque esto puede llevarnos meses, incluso un año o dos.

3. Distanciémonos de nuestra ex pareja: guardemos los recuerdos, evitemos los sitios donde podemos encontrarnos con nuestro ex, dejemos de buscar información sobre el otro, cortemos el contacto o limitémoslo al estrictamente necesario.

4. Cuidado con idealizar al otro y a la relación. Cada día dedicar unos minutos a pensar un par de cosas negativas de nuestro ex y de cosas positivas de nuestra vida actual puede resultarnos de mucha ayuda para reequilibrar esta idealización y ver con optimismo nuestra situación actual.

5. Forcémonos a mantenernos ocupados, si puede ser con actividades placenteras, mejor, eso ayudará a que nos distraigamos, no demos demasiadas vueltas a las preocupaciones, y a que poco a poco recuperemos un buen estado de ánimo.

6. Cuidémonos. Cuidemos nuestra alimentación, las horas de sueño, hagamos deporte, eso nos ayudará a afrontar con más fortaleza nuestra ruptura.

7. Controlemos la ansiedad con técnicas de relajación muscular, respiración, realizando ejercicio físico, actividades relajantes… No nos permitamos dar rienda suelta a nuestros pensamientos negativos y entendamos que la ansiedad es una respuesta normal de la que no tenemos que asustarnos.

8. Tengamos cuidado con la manera en la que nos hablamos. De la forma en la que interpretemos las cosas se van a derivar nuestras emociones y nuestros comportamientos. Nuestra autoestima también será muy sensible al modo en el que nos hablemos. Intentemos tratarnos como trataríamos a nuestro ser más querido.

10. Perdonémonos y perdonemos al otro. Perdonando a nuestra ex pareja evitamos que ésta siga influyendo en nuestras vidas. Perdonándonos a nosotros mismos conseguiremos continuar adelante con la cabeza bien alta, asumiendo los errores y aprendiendo de ellos.

11. Afrontemos los miedos y preocupaciones. Racionalicemos nuestros pensamientos, limitemos el tiempo en el que nos permitimos darle vueltas a lo que nos preocupa, analicemos los problemas objetivamente y tratemos de buscar soluciones.

12. Expresemos adecuadamente nuestro malestar: no seamos víctimas, ni verdugos. Tampoco hagamos chantajes emocionales, eso no nos dará la dignidad ni el respeto que merecemos.

13. Busquemos el apoyo de nuestros seres queridos, nos sentiremos menos solos y con fuerzas para continuar adelante, pero no exijamos. No podemos saturar a los demás con nuestros problemas. Tampoco busquemos apoyo en quienes no les corresponde: ni nuestros hijos ni nuestra ex pareja son el hombro adecuado sobre el que llorar.

14. Aprendamos a disfrutar de la soledad. Si hay una persona que puede convertirse en nuestro mejor amigo, somos nosotros mismos. Aprendamos a disfrutar de nuestra compañía.

15. Planteémonos nuevos objetivos personales y vitales pero hagámoslo poco a poco, sin angustias, aceptando que todo proceso lleva su tiempo y que nosotros también lo necesitamos para ir adaptándonos a la nueva situación.

16. No confundamos los sentimientos intentando crear una relación de “amistad” con nuestra antigua pareja. Saquemos al otro de nuestro universo emocional y, si no es posible como sucede cuando tenemos hijos en común, establezcamos una relación “práctica” entre nosotros.

17. Si tenemos hijos, comuniquemos la decisión de separarnos con normalidad, sin dramas, reproches ni mentiras, explicando las cosas de un modo que puedan comprender, pero sin darles información que no necesitan saber y que puede dañar la relación con alguno de los padres.

18. No confundamos el apoyo emocional que nuestros hijos pueden necesitar con permisividad y consentimiento. Démosles el papel que les corresponde: ni son el hombro en el que apoyarnos ni el arma arrojadiza para hacer daño a nuestra ex pareja.

19. Pongamos límites a las familias, propia y política, para que no se entrometan en nuestras vidas. Tampoco los utilicemos como intermediarios: una relación de pareja es cosa de dos y su ruptura, también.

20. No privemos a nuestros hijos de la relación con la familia de nuestra ex pareja. Mantengamos un contacto educado, correcto, en aquellas ocasiones en las que sea necesario coincidir con ella.
Si vemos que nos resulta demasiado difícil recuperar nuestro bienestar tras la ruptura, busquemos asesoramiento en un profesional quien nos ayudará a salir reforzados de esta crisis.

En definitiva, intentemos continuar con nuestra vida estableciendo relaciones sanas con nosotros mismos y con nuestro entorno. La relación con nuestra pareja pudo ser bonita mientras duró, pero también puede serlo el futuro si no nos olvidamos de descubrir día a día la cantidad de oportunidades que la vida nos ofrece para ser felices.