Día: 4 mayo, 2015

Mi amada princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento

Cuentan que una bella princesa estaba buscando esposo, Esta princesa era una joven muy bella físicamente, tenia muchas riquezas, y siempre alcanzaba lo que quería. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.

Pero entre los candidatos se encontraba un joven aparentemente plebeyo, que no tenía más riquezas que amor sincero y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:

-“Princesa, te he amado toda mi vida desde que te conocí. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor… Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas…Esa es mi dote…”

La princesa, observo al muchacho no tenia el perfil ni la blancura en la piel que ella anhelaba en un joven, ni las joyas de aquellos adinerados pretendientes, el muchacho no le llamaba la atención pero conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: –

“Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás”.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.

El muchacho tomaba fuerza cada vez que veía a la princesa observarlo ese era su alimento diario algunas mínimas muestras de atención que su amada daba.

Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos, Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa: -“¿Qué fue lo te que ocurrió?…Estabas a un paso de lograr la meta…¿Por qué perdiste esa oportunidad?… ¿Por qué te retiraste?…”
Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja: -“Mi amada princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento…Ni siquiera una hora… No merecía mi amor…”.

Y así continuo caminando con la desilusión por delante sin saber a donde ir se sentó sobre una laguna cristalina a llorar por la ingratitud de la princesa, el agua reflejo el rostro de una joven hermoso pero humilde, no tenia la esbelta figura de la princesa, ni la hermosura y la riqueza material, pero tan solo se acerco porque quiso brindarle un vaso de agua, “Toma se te ve cansado” le dijo y le sonrío.

Basto solo unos segundos para que el muchacho sintiera algo muy especial, la dulzura de esta humilde muchacha había empezado a conquistarlo, La bondad, Una mirada, algunas palabras, una sonrisa, una compañía sincera, El muchacho había encontrado a la que seria con el tiempo una princesa pero de su vida.

“Los días ordinarios” para ti MAMÁ

Si crees que la vida en familia que tienes ahora, la tendrás para siempre, tal vez debas prestar atención a los días comunes, esos que comienzan con cereal y terminan viendo películas.
Entre ellos están los días en que mis hijos jugaban con el perro, comían helado por los cachetes, y se mecían en los columpios. Tardes con manguera y lodo, que los chiquillos terminaban en mi cama, en aquellas noches de cine familiar.

Cuando mi primer retoño lloró en la puerta del kinder, pensé que siempre lloraría al separarse de mí. Pero todo sucede por etapas y a su tiempo. Entonces los problemas nos parecían enormes; las alergias, el partido perdido, peces y hamsters que morían uno tras otro. Pero en general, el mundo en que vivíamos y la familia que construimos, hizo sentir que la infancia era sólida y duradera.

Lo más bello de esa etapa fue mecerlos en mi regazo oliendo a talco y a cabello recién lavado. El beso y la bendición antes de dormir. Dejarlos en su recámara por tan poquito tiempo, por que siempre amanecían en la nuestra.

Me preocupaba que si no les leía un cuento antes de dormir, no los motivaría a leer, y me entristecía si discutían por el turno del juego como si fueran a pelear por el resto de sus vidas.
Todas las etapas llegan a su fin. La pelota deja de volar por el jardín. Los juegos de mesa se llenan de polvo. Regalas la bañera de plástico y ahora esperas horas a que salgan de la regadera.

La puerta de la recámara que siempre estuvo abierta, de pronto un día: se cierra. Un día al cruzar la calle estiras tu brazo para alcanzar la manita que siempre estuvo ahí para agarrar la tuya, y tu chico de trece años camina un par de pasos atrás, pretendiendo no conocerte.
Has entrado a un nuevo territorio llamado adolescencia y no conoces el piso en donde estas parada. El hijo que cargaste y cuidaste se ha transformado en un sujeto jorobado sobre una computadora. Te preguntas si lo estás haciendo bien, pues ya no hay marcha atrás. Te preguntas si podrás sobrellevar el resto del día sin discutir, y acabas agotada recordando aquellos días que parecían eternos y se han esfumado.

Las advertencias y consecuencias ya no funcionan. Las charlas de sobremesa ya no existen. Haces lo que puedes, como puedes: llenas el refrigerador, chofereas, negocias permisos, supervisas, asistes a las citas de calificaciones, dejas de asistir a los partidos, e ignoras la recámara que parece haber sido bombardeada.

Te piden otra vez dinero. Tratas de no hacer muchas preguntas. Tratas de obtener todas las respuestas. Vuelves a llenar el refrigerador. Compras pizzas. Te asomas por el balcón a ver la fiesta. Aprendes a textear con ellos. Aprendes a rezar por ellos. Tus noches de sueño ahora son noches de alerta. Te haces experta en leer entre líneas, en interpretar miradas, en determinar olores.

Te dice “qiubo ma” y de pronto estas de frente a una verdad que sabías desde hace tiempo y te negabas a enfrentar. Ahora el joven no necesita, ni que le prepares lonche, ni que le cierres la chaqueta: necesita tu confianza.

Te recuerdas a ti misma, que habrá que de dejarlos ir y practicas el arte de vivir el presente. Saboreas cada minuto que tienes, aquí y ahora, cenando con tu familia y diciendo buenas noches en persona. Das el beso en la mejilla y la bendición en la frente, aunque parezca que ya no les gusta.

No podemos cambiar el crecimiento de nuestros hijos, pero podemos cambiar nuestra actitud ante ello, en vez de decir lo que deberían corregir, piensas en lo superado y logrado por cada uno, por que en cualquier momento vas a estar abrazando a tu pequeño de 1.80 metros de estatura y lo harás de puntitas para decirle al oído que lo extrañarás mientras hace su maestría en otro continente.

El torbellino de los cajones azotados y los ganchos caídos buscando una sudadera al son de la música estridente, se han ido ya. La casa tiene una nueva clase de silencio. El galón de leche se vuelve agrio. Por fín sobra una rebanada de pastel para tí, pero ya no tienes apetito. Nadie te pide que lo lleves a ningún lado.

Entonces miro a mi esposo, sentado en la mesa del antecomedor, que de pronto se hizo muy grande para dos, y me pregunto cómo es que todo pasó tan de prisa. Mis libreros están llenos de albums con veinte años de fotos: piñatas, premios, partidos y navidades. Sin embargo, los recuerdos que más deseo atesorar; los que desearía volver a vivir, son los momentos que nadie pensó en fotografiar; esos ratos que pasaban a diario entre la cocina y el cuarto de tele. Desayunar cereal en pijamas y acurrucarnos a ver una película al final del día.

Me tomó mucho tiempo percatarme, pero definitivamente lo aseguro, que el más maravilloso regalo que me ha dado mi familia, el que compone mi más grande tesoro, es el regalo de esos preciosos y perfectos días ordinarios.

Inspirado en The gift of an ordinary day de Katrina Kenison

Así que vas a tener un bebé ?

Vas a recibir muchos concejos,
Ignora el 90%,
Estos son buenos concejos,

10 cosas que quisiera haber sabido antes de ser padre,

#10Todo lo que haces es probablemente lo mejor para alguien y lo peor para otra persona, Así que has lo que sea bueno para ti, y no te metas a internet, Por que puedes buscar en Google cualquier cosa y todos tendrán una opción, Sabrás como cuidarlo, Ignora por completo lo que  los demás piensen de ti.

#9Has un horario, Has un horario, Has un horario, Si quieres vivir…Tener un horario es clave para dormir,

#8Nadie te dice esto, Ser padre es difícil, Aveces no podrás soportarlo, Toma una hora deja el bebé con su abuela, Ve a comer una hora toma una siesta 20 minutos, Deja una noche para salir una vez por semana, Y no te la saltes una.

#7Esto es importante. En vez  de moldearlo a lo que tu quieres, Descubre quienes son, y déjalos ser.

#6Prepárate para lo inesperado, Porque sucederá. … Como la posibilidad de tener gemelos, Existe la posibilidad de que tu bebé se deslice por una colina, Y luego caiga de su silla en la calle, Lo que puede suceder sucederá.

#5Debes hacer un espacio para el bebé, Cuna, Cambiador, Porta bebé, Moisés, A pesar de terner muchos juguetes y más tonterías y Pesar 3 kilos, Debe tener su propio espacio.

#4Miraras atrás y dirás,  me gustaría volver a esos tiempos, Así que guárdalo, no lo regales todo, solo lo usarán una sola vez, Pero lo guardaras para siempre, Los recuerdos son lo único que te quedará.

#3Da las gracias por tu bebé, Da las gracias, Las cosas inesperadas pueden terminar siendo cosas buenas, Valdrá la pena todo el popó y los mocos, Y todo el llanto, los gritos y las peleas, Valdrá la pena por completo. Aprecia cada minuto, Nunca abrimos pedido este desafío, Pero estamos agradecido por lo que nos enseñó, Todos los días damos las gracias por su  vida, Es lo mejor que nos ha pasado.

#2No seas tan dura contigo misma, Todo va a estar bien, Algunos días no vas a tener paciencia y eso está bien, Realmente hay cosas que son  tonterías, La casa puede esperar, Todas las tareas domésticas pueden esperar, Debes recordar que es un cambio masivo en tu vida, Y sentirás todas las emociones que se pueden sentir, Emociones profundas a cada extremo del espectro.

#1No puedes estar preparada,  No lo podras entender,   No lo  Sabrás hasta que lo experimentes,  Es el AMOR, Prepárate para Amar algo más de lo que creías poder hacerlo, Porque todavía no lo has hecho, Todavía no has Amado de esa forma,  Y será lo mejor que hagas en toda tu vida,

Relájate, lo vas hacer genial.