Atravesiamo 2

Parejas autoritarias, decisiones desiguales
A veces no queda otra que soportar esto. Es facil decir separate. No siempre es un camino ese.

El matrimonio no es fácil.

Y nadie dijo que debe serlo. Las relaciones interpersonales son difíciles y mas aun cuando un hombre y una mujer que convive todos los días deben tomarlas día tras día. Hay parejas donde ambos negocian, conversar, acuerdan. Hay parejas donde el hombre es autoritario y se impone y hay parejas donde ella es autoritaria y se impone. La combinación de posibilidades y grados de negociación son tan variadas como tipos de parejas conozcamos y no conozcamos. Pensemos en nuestros padres, nuestros suegros, nuestra pareja, la pareja del vecino, la del amigo, la del compañero de trabajo. 
Dia a Día vivo y sufro las  desiguales decisiones de pareja. Hay personas que se aprovechan del otro miembro de la pareja porque lo consideran su propiedad privada, su abastecedor, su esclavo, su extensión. Tambien es cierto que esas personas le permiten a la otra ese aprovechamiento.

Si es algo que ambos queremos hacer, sin duda se hace. Por ejemplo, si ambos queremos comprar un aire acondicionado para mitigar el calor, o ambos queremos que nuestra hija sea bautizada  no hay mucho que negociar y se hace con mas o menos esfuerzo.
Si es algo que ella quiere y yo no estoy interesado en ello o simplemente va en contra de mis principios, ideales, deseos, necesidades o temores, lo mismo se realiza.  Por ejemplo, si ella considera importante vacunar contra la gripe a nuestras hijas aun cuando a mi me da temor el efecto de inocularles un virus para que el cuerpo genere un anticuerpo y me parece innecesario, ella usando alguna frase de desprecio hacia mi forma de pensar, vacuna a nuestras hijas, generalmente cuando estoy trabajando.   Este punto tiene una apertura mayor cuando el dinero es necesario para lograr ese “algo” que ella quiere
Ya vimos que si no tiene costo, no importa mi opinión.
Si tiene un costo menor o moderado, lo paga con sus ingresos por supuesto no importa mi opinión, ni mi participación.
Si el costo ya es considerable, pero esta dentro de parámetros normales, lo paga con la tarjeta de crédito que yo pago con mis ingresos, sin importar mi opinión ni mi participación
Si el costo es muy importante entonces admite en un grado menor mi participación permitiéndome en alguna medida sugerir algún cambio menor.
Si por el contrario, deseo algo y ella no lo quiere, no hay negociación posible. No se hace. Me imagino que dirán, pero esta persona es tonta. Porque no va y lo hace. Tiene medios físicos y económicos. Porque no los hace?

Deseo tener en el patio de casa un perrito para que nuestras hijas jueguen con el y disfruten el placer único de tener su propia mascota. La respuesta siempre es NO. Me va a romper las plantas, hay que vacunarlos y vos nunca te haces cargo de esas cosas, cosa que es falso, tienen enfermedades que van a contagiar a las chicas. En definitiva, hay miles de locos que tienen perros en su casa que seguramente los tienen y ya mataron a sus hijas con parásitos, destruyeron sus patios y nunca se hicieron cargo de vacunar a los pobres animales. 

Una mañana encontré un perrito en la calle, muy hermoso, frente a casa. Lo hice ingresar y mi hija se enamoro de él.  Mi esposa se enfureció y para calmarla le prometí que al día siguiente lo iba a llevar fuera de casa, pero le rogué que por favor me permitiera encontrarle en otra familia un hogar alternativo, porque quería darle a ese bichito una vida mejor que ser un perrito de la calle, en agradecimiento por ese pequeño momento de alegría que le había dado a mi hija en esas horitas junto a ella.  Aceptó a regañadientes.  A la mañana siguiente me fui a trabajar, no sin antes aclararle que estaba en la búsqueda de ese hogar para el perrito y que por la tarde lo llevaría a ese nuevo hogar o bien a un lugar donde cuidaran perritos de la calle.  Hice lo imposible para conseguirle un hogar esa mañana en la oficina, pero fue en vano. Así que vine dispuesto a llevarlo a un criadero municipal de perritos que conocía.  Pensé en llevarlo con mi hija para que lo viera que se quedaba bien, sanito y bajo buena protección, así entendía esta decisión que tomaba por ordenes de su mama.  Al llegar había abierto la puerta de la calle y lo había echado fuera por la mañana porque no soportaba su presencia en el patio. Llore. A mis 35 años y siendo un hombre mayor y no un niño llore desconsoladamente. Casi ultrajado. No es posible tanta falta de respeto. Me calle. Ya no había mucho por hacer. Sufrí.

En otra ocasión, mi hija estaba por empezar primer grado y quería mostrarle que para mi era un hito y que le daba mucha importancia al mismo. Quería decirle con un hecho palpable que estudiar era una prioridad para mi y que desde el primer día ella tenía que tener un lugar en la casa para estudiar. Así que me anticipe y le comunique a mi hija que le iba a comprar un escritorio chico para que haga los deberes y tenga sus útiles en la pieza de estudios.  Le avisamos a mi esposa con la ilusión de que por fin dijera que SI a algo tan trivial como comprar un pequeño mueble. Como era de esperar se negó, como se niega a casi el 90% de mis iniciativas. Decía que hasta que no nos cambiáramos de casa (de la casa alquilada a nuestra casa propia) no íbamos a saber el color de las paredes de dicha propiedad y el mueble podía desentonar con el estilo y por lo tanto debíamos esperar.   Decidí entonces que esto no podía ser. Intente convencerla, pero advertí que la respuesta iba a ser siempre negativa. No iba a poder darle a mi hijita el pequeño regalo para su primer día de clases en primer grado.  Impulsivamente y cansado de no poder cumplir ninguna iniciativa, fui y compre con mi hija un escritorio de 99$, muy pequeño. Lo trajimos sabiendo que había un conflicto en puerta y nos pusimos a armarlo. Mi hija me daba una a una las herramientas y los tornillitos para armarla.  Estaba feliz e ilusionada hasta que mi esposa empezó a gritar, a llorar, a patear puertas, a cerrar puertas con violencia. Se salio de sus cabales, como hace cada vez que no cumplo con sus reiterados NO. Se puso incontrolable. Me asuste. No sabia como hacer para hacerla reaccionar de sus gritos, alaridos y llantos. Pase uno de los peores momentos de mi vida, viendo la carita de terror de mi hija. No se si ella entiende esto, pero es muy chiquita para vivir esta situación.  Quizás hasta crea que el malo soy yo por generar esta situación y quizás tenga razón.  Ella es un solcito. No tiene nadie derecho a hacerle vivir estas cosas.

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