Mes: abril 2016

El estrés docente: un hecho que a casi nadie parece importarle

Desgraciadamente, cada vez más docentes sienten en su trabajo ese malestar personal, esa sensación de no servir para nada, de que su esfuerzo no es reconocido como debería serlo, y que en muchas ocasiones se le exige hacer cosas que no son ni mucho menos de su competencia. Además, muchos de ellos tienen que soportar y aguantar escenarios de presiones y reuniones con familias poco respetuosas y maleducadas. Igualmente, se puede dar el caso de que algunos de ellos no tengan buenas relaciones con los demás compañeros del centro y que se sientan desplazados del grupo. Si al tiempo que dedica el docente a estar en clase, le sumamos el que invierte en corregir exámenes, trabajos, actividades y preparar las clases de toda la semana, podríamos decir perfectamente, que es un trabajo que genera un estrés elevado. Y sí, así es, pero a la mayoría de las personas parece no importarle.

Me parece a mí, que todavía se cree en el rol de los maestros de las civilizaciones clásicas: ese rol que definía al docente como un “semidios”, que todo lo sabía, que sabía darle explicaciones a casi todas las cosas, y uno de los seres más sabios e inteligentes del lugar.

Así pues, se suponía que los profesores podían con todo y que en ningún momento podrían necesitar ayuda de vez en cuando. Esa creencia era absurda hace décadas y lo sigue siendo ahora. Los docentes son personas de carne y hueso (oh, qué gran sorpresa), que sienten y padecen. Y que en más casos de los que les gustarían, sufren un malestar que posiblemente no sepan explicar. Ese malestar, no provoca únicamente estrés (que ya es suficiente), sino que puede desembocar en fatigas, excesivo cansancio, dolores musculares, dolor de huesos, de cabeza, problemas al conciliar el sueño, en la alimentación, en sus relaciones personales e incluso en una depresión laboral.

Estas situaciones, como os podéis imaginar no han suscitado demasiada importancia en los medios. Ni siquiera en los centros educativos. Son muy pocos colegios o institutos los que hacen algo para evitar lo anteriormente citado. La mayoría de programas, de actividades, de reuniones son en referencia a los alumnos, y eso está bien. ¿Pero quién “cuida” a los docentes? ¿Quién se encarga de su bienestar en el trabajo? Sí, la respuesta más sencilla es que ellos mismos.

Pero es que ellos mismos, en muchas ocasiones se sienten tan agotados y menospreciados que no tienen ni ánimos para motivarse por sí solos. Muchos, por ejemplo, no han desarrollado habilidades para enfrentarse a estos conflictos, o no están preparados para una situación concreta. Algunos, se implican demasiado con los alumnos y les termina afectando también a ellos.

Desgraciadamente, más personas de las que me gustaría, se estarán preguntando: “estrés docente, ¿es eso posible?”. Parece ser que algún sector de la sociedad española, todavía no se ha dado cuenta que el personal educativo es uno de los peores reconocidos y tratadas desde hace algunos años. ¿Qué puede provocar entonces ese malestar en los docentes? A mí se me ocurren un montón de cosas a exponer:

-Muchos alumnos para un único profesor: pues sí, en muchas ocasiones, hay aulas compuestas por 30 alumnos para un único docente. ¿Es eso normal? No, por supuesto que no. Habitualmente, el maestro o profesor se encuentra sólo en clase. Tiene que enfrentarse a estudiantes diferentes, con distintas habilidades y capacidades, con ritmos de aprendizaje muy dispares, y con un sin fin de intereses. Cada día, tiene que adaptar sus clases, tiene que centrarse en todos los alumnos y 2dejar a un lado esa atención personalizada e individualizada que muchos centros dicen tener y muchos padres quieren que se de.

¿Pero cómo se va a llevar a cabo ese deseo?
Para llegar a esa cumbre, haría falta por lo menos tener a tres docentes por aula todos y cada uno de los días.
¿Estarían dispuestas las autoridades a eso?
No, me temo que no.

-Lo que se aprende en la universidad, está lejosde ser práctico:  es cierto, los que estudian magisterio no aprenden a tratar las dificultades de aprendizaje, por ejemplo. Y tampoco las necesidades específicas de los alumnos. En muchos casos, los docentes se encuentran con estudiantes de altas capacidades y no saben qué hacer. No por falta de capacidad ni de habilidades, sino simplemente porque no les han enseñado.
Pueden tener apuntes, pueden saberse la teoría de memoria.
¿Pero qué pasa en la práctica?
Y se sienten perdidos.

-Seamos sinceros; no
todos los alumnos
tienen ganas de
aprender: pues sí, es de
sobra conocido, que
muchos alumnos
presentan falta de
interés y poca
motivación. Que se sienten desanimados y
que no tienen ganas de
aprender cosas nuevas.
El docente, se esforzará
en crear un innovador y
atractivo proceso de
enseñanza-aprendizaje,
para llamar la atención
de los estudiantes, pero
hay veces que las
expectativas no se
cumplen y no se ha
generado el clima ni la
actitud que ellos
esperaban.

-Sí, hay familias que
insultan a los docentes.
Y no sólo en una
ocasión: desgraciadamente,
hay familias que culpan
a los maestros de todo
lo que le pase a sus
hijos. Se crea un
escenario de críticas, de
malas palabras, de
acusaciones y de
ofensas hacia el
profesor. Hay padres,
que están lejos de ser
personas civilidades y
con buena
comunicación. Yalgunos de ellos,
pueden llegar a insultos
e incluso a acosar al
profesor.

-Los futbolistas son más
importantes que los
docentes:  ya se puede
dar el caso de que un
profesor haya hecho
algún logro importante,
que seguramente no
será reconocido por las
demás personas ni por
los medios de
educación. Hay muchos
docentes que cada día
se esfuerzan y dan lo
mejor de sí mismos
para los alumnos. Pero
claro, da más audiencia
que Cristiano Ronaldo
haya dejado a su novia.

¿Hay algo que se puede hacer al
respecto?
Evidentemente, sí.
Los expertos dicen, que
practicar deporte en cualquier
situación de estrés es
beneficioso, ya que reduce el
riesgo de ansiedad.
Evidentemente, los docentes
necesitan tiempo para ellos
mismos, y en muchas
ocasiones, ese tiempo de ocio o
de estar con sus familias y
amigos, lo dedican a corregir
exámenes, trabajos, actividades o a preparar las clases, y eso les
genera más sensación de
malestar. No se debería dar
casos en que los maestros
dejaran de hacer cosas que les
gustan por exceso de trabajo
(ojo, ni los maestros ni ningún
trabajador). También, es muy
importante que el docente
fomente su autoestima y que
potencie las actitudes positivas
que tenga a lo largo del día.

Que sea consciente de los obstáculos que ha superado y de que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que por supuesto, en situaciones límites que no sepa cómo actuar (porque… ¡oh, madre mía!, el docente no lo sabe todo), pida ayuda a los pedagogos, directores y demás personal educativo del centro.

Como es obvio, desde el propio centro también se pueden plantear diversas actividades para reducir el estrés docente en las aulas, como por ejemplo diferentes cursos de formación, reuniones mensuales para que los maestros hablen de sus experiencias, de sus dudas, de sus inquietudes, fomentar la comunicación y la relación entre el personal educativo creando grupos de trabajo y de colaboración entre ellos,
apoyándose en las situaciones y casos en las que sean posible.

Quizás, empezando por eso, los docentes se sentirían valorados por el lugar del trabajo, y estarían más motivados en las clases. Pero, ya sabemos que en gran parte de los colegios, institutos y universidades, realizar esos programas, les parece una pérdida de tiempo, y en muchas ocasiones, los propios docentes se ven obligados a buscar ayuda externa para no verse superados.

Aunque a la gente le cueste creerlo, la docencia es una de profesionales que más estrés produce. Muchos psicólogos dicen que el número de maestros que pasan por sus consultas está ascendiendo a un ritmo vertiginoso. Algunos de ellos, afirman haber pasado por depresiones provocadas por el exceso de trabajo y el poco reconocimiento y estima que se les tiene. Lo que es cierto, es que como la mayor parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de lo que realmente llegan a hacer los profesores, como no son conscientes de su implicación con los alumnos, me temo que este problema tardará en solucionarse y que estará presente durante varios años más. Además, como viene siendo habitual, estas situaciones pasarán desapercibidas por la mayor parte de las personas. Pero, ¿no son los docentes superhéroes camuflados? Pues no, señores míos, está claro que no lo son.

TÚ SIN MÍ

Es terrible percibir que te vas
y no sabes el dolor que has dejado
justo en mí. Te has llevado la
ilusión de que un día tú serás
solamente para mi ohhh para mí.

Muchas cosas han pasado, mucho
tiempo, fue la duda y el rencor que
despertamos al ver que no nos
queríamos, no ya no, ya no nos
queríamos ohh no

Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para
ti y con toda la ilusión de que un
día tú fueras solamente para mí
ohh para mi…
Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para
ti y con toda la ilusión de que
un día tú fueras solamente para mí
ohh para mi…

No comprendo puedo ver q el amor
que un día yo te di no ha llenado
tu interior y es por eso que te vas
alejándote de mi y sin mirar hacia
atrás, hacia atrás. Pero yo corazón
entendí en el tiempo que paso q no
nos servía ya la locura de este
amor que un día así se fue y nunca
mas volvió, no volvió

Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para ti
y con toda la ilusión la que un
día tú fueras solamente para mí
ohh para mi…
Y ahora estas tu sin mí y que
hago con mi amor el que era para
ti y con toda la ilusión de que
un día tú fueras solamente para mí
ohh para mí.

LO QUE ME QUEDÓ

Un vacío con tu forma dentro de mi alma,
y con ésta tres canciones, más las que están por venir.
Resignarme a ser testigo de tu vida a la distancia,
y guardarme la certeza que te puedo hacer feliz.

Poco y tanto me quedó, poco y tanto me quedó.

Lo que me quedó de tu amor hoy me quema y me duele,
me quedó de tu amor más de un beso pendiente,
me quedó el sinsabor de entregarme y nunca recibirte.
Me quedó de tu amor una ida sin vuelta,
me quedó el corazón sin ninguna respuesta,
me quedó el sinsabor de entregarme y nunca recibirte.

Una lista interminable de oraciones inconclusas,
y un deseo incontrolable de arrancarte de un tirón.
Es injusto que tu cargues siempre con toda la culpa.
Yo también tuve mi parte, pero el verso lo hago yo.

Poco y tanto me quedó, poco y tanto me quedó.

Lo que me quedó de tu amor hoy me quema y me duele,
me quedó de tu amor más de un beso pendiente,
me quedó el sinsabor de entregarme y nunca recibirte.
Me quedó de tu amor una ida sin vuelta,
me quedó el corazón sin ninguna respuesta,
me quedó el sinsabor de entregarme y nunca recibirte.

Fue un placer equivocarme,
sin dudar lo intentaría otra vez.

Lo que me quedó de tu amor hoy me quema y me duele,
me quedó de tu amor más de un beso pendiente,
me quedó el sinsabor de entregarme y nunca recibirte.
Me quedó de tu amor una ida sin vuelta,
me quedó el corazón sin ninguna respuesta,
me quedó el sinsabor de entregarme y nunca recibirte.

Bailame

El movimiento de tu cintura es mágico,
Como  yo quisiera tenerlo en íntimo,
De tus caderas me siento un fanático,
Este deseo esta en estado crítico.

En mi intención hay objetivos tácitos,
En la locura un sentimiento  implícito,
Con las miradas entendernos práctico,
Quiero mojarme con tus labios místicos.

Bailame, y he, y he,
Con esa boca besame, y he,
Con ese cuerpo arropame,
Con tus manos sienteme.

Bailame, y he, y he,
Con un besito mojame, y he,
Con tu cintura gozare,
Con ese swing atrapame.